Connect with us

Opinión

Lo que no te cuentan sobre la guerra de la OTAN en Ucrania (4): La credibilidad

Publicado

on

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es humoso-12062023-alargado-.jpg

Por Juan Segura

Durante mucho tiempo, demasiado, los EE.UU. han librado guerras contra países que no le podían responder simétricamente. Desde los inicios de su imperio, cuando empezaron a sustituir a ingleses

robando territorios a España, Méjico y robando también sus tierras a los indígenas, con los que cometieron un verdadero genocidio, siguiendo después con innumerables intervenciones en América Latina y, desde últimos del siglo pasado, y lo que va de este, en Yugoslavia, Kosovo, Afganistán, Irán, Iraq, Líbano, Siria,…y no pare usted de contar.

Ahora se encuentra enfrentado a un adversario, la Federación Rusa, que no sólo puede responderles debidamente, sino que puede escalar de manera que EE.UU. no puede igualar.

Y entramos de lleno en el corazón de la crisis en que se encuentra Occidente: la cuestión de la credibilidad.

Desde la desaparición de la URSS, la hegemonía de EE.UU. se basó en una premisa: podía proyectar su poder militar donde quisiera, cuando quisiera y nadie podía hacer nada por impedirlo. Esta premisa acaba de ser demolida por un misil que lleva por nombre “avellano” (oreshnik en ruso)

Las implicaciones de esta demolición van mucho más allá de Ucrania.

Y el factor más importante del asunto no estriba en el ingente poder destructivo del artefacto sino en sus repercusiones psicológicas.

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es ANUNCIO_optica-calle-nueva_INTERIOR-1-1024x224.gif

Oreshnik ha demostrado no sólo que Rusia posee el armamento avanzado, sino que está dispuesta a usarlo cuando considere que sus intereses existenciales están amenazados. Es lo que los estrategas llaman señalización creíble.

No es amenaza. Es explicación. Rusia está explicando a Occidente cuales son las nuevas reglas del juego y cuáles serán las consecuencias de no respetarlas. La situación se vuelve extremadamente compleja. Los EE.UU. entienden que no pueden ganar una confrontación directa con Rusia y, por ello, se están retirando de Ucrania.

Por otra parte, no pueden aparecer como que están capitulando. Hay un reconocimiento implícito de las nuevas realidades. EE.UU. no reconocerá explícitamente la anexión rusa de los nuevos territorios que ya figuran en la Constitución de la Federación Rusa (Crimea, Lugansk, Donetsk, Jersón y Zaporiyia) pero tampoco harán nada para revertirla. El imperio está perdiendo su credibilidad.

Pero hay algo más profundo: la transición del orden unipolar al multipolar que estamos presenciando no es el fin de una guerra específica sino el fin de la idea misma de que una sola potencia pueda dominar el sistema internacional.

La Historia enseña que todos los imperios llegan a su fin. Esta ley inmutable es la que estamos presenciando. Han perdido la credibilidad y el mundo entero (con la triste excepción, quizás, de la Unión Europea), se les está subiendo a las barbas.

Ese es el desolador panorama que les acecha: van a tener que compartir el poder. De aquí en adelante no van a poder secuestrar, robar ni asesinar a su gusto. A “todo cerdo le llega su San Martín”, dice el refrán castellano. Y a todo imperio, la hora de su caída. En esas estamos.

Por eso andan tan desesperados.

Publicidad