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LVM Cultura

«Puerto Alegría» de MAUI de Utrera. Crónica teatral por Paco Pavía

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6 de Febrero 2026
20.00 h.
Teatro Oriente, Morón de la Frontera.
Aforo : Lleno

Idea Original, Texto, interpretación y música: Maui de Utrera.

Espacio sonoro: Pablo Martín Jones

Dirección escénica: Patricia Ruz

Iluminación: Sergio García

Vestuario: Bárbara Mauriño

Producción: Susana Ávila.

Se abría el telón del Teatro Oriente y bajo una supuesta tormenta con posterior naufragio, comenzaba Maui por soleá a proyectar un auto-psicoanálisis público, como si el teatro no fuese principalmente eso, el desnudo emocional de unas personas ( actuantes ) frente a otras desconocidas ( público ).

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Para quien se sube a un escenario, la osadía artística ha de ser condición sine qua non.

El público moronero no sabía si iba a ver a la Maui compositora, la profesora de música, a la cantante o a la cómica , pero no fue ninguna de estas opciones y a la vez fueron todas pero ampliadas.

Nos encontramos con varias hectáreas de actriz. Y no, no era un sencillo sainete cómico. Fue una introspección llena de poesía y canciones para explicarnos su camino personal y musical, y describirnos lo difícil que es abrirse camino en esa jungla.

Nos levantó las alfombras de la mentira de la fama, la trampa del éxito comercial y la «ohana» que hay detrás de la industria del entretenimiento que tiene muy poco que ver con el verdadero ARTE.

Desde Utrera, con la guitarra de Ramírez ( su padre, no el constructor) y su violonchelo, viajamos con ella por el mundo entero.

Navegamos por mares furiosos, fuimos con ella a Utrera, Granada, Madrid, Londres. Giramos juntas, olimos sus fracasos y llantos y percibimos la rabia de romper papeles-vela con textos que antes había escrito, fue el reír y llorar que tan bien describía su adorado Kiko Veneno.

Ese faro que iba-vamos buscando, esa road-movie teatral que va sorteando abismos con letras de sus canciones, agarrada a su mundo interior ( en forma de balón de gimnasio), que a veces rodaba solo, otras la dejaba sola y al final se desinflaba y había que volverlo a llenar, pero todo lo describía con su gracia y «age» natural, llenando nuestros pensamientos de esperanza.

El público no sabía si reír, aplaudir, emocionarse o llorar.

Ese genial «desconcierto» que crea Maui con su potente actuación, es como una bella conversación entre amigos, como un montón de visitas al psicólogo, como jugar en un parque cuando somos niños chicos.

Al final se fue el público con ganas de vivir, de seguir tras ese faro que se apaga a veces, pero que tenemos que seguir buscando por siempre.

Gracias MAUI, porque si difícil es ser actriz, mucho más lo es crear tu propio texto, y ofrecerlo con tanta elegancia, tanta simpatía, tanta fuerza, sensibilidad y generosidad.

Gracias a esa nave mostachona, que convirtió Morón por un rato, en Puerto Alegría.

Fotos: Agustín Barrera

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