Opinión
Pastores y rebaños. Por Diderot
Me inicié en las ideas marxistas leyendo la encíclica del Papa León XIII “De rerum novarum” que trajo a casa mi madre, trabajadora del esparto….




«Más Él hablaba del templo de su cuerpo.»
San Juan, II: 21.
«Y tomé el libro de las manos del ángel y me lo comí.»
Apocalipsis X: 9,10
Había un hombre que tenía una doctrina.
Una gran doctrina que llevaba en el pecho,
(junto al pecho, no dentro del pecho),
una doctrina escrita que guardaba
en el bolsillo interno del chaleco.
La doctrina creció. Y tuvo que meterla en un arca,
en un arca como la del Viejo Testamento.
Y el arca creció. Y tuvo que llevarla a una casa muy grande.
Entonces nació el templo.
Y el templo creció. Y se comió al arca, al hombre
y a la doctrina escrita que guardaba
en el bolsillo interno del chaleco.
Luego vino otro hombre que dijo:
El que tenga una doctrina que se la coma,
antes de que se la coma el templo;
que la vierta, que la disuelva en su sangre,
que la haga carne de su cuerpo…
y que su cuerpo sea
bolsillo,
arca
y templo.
«Parábola» León Felipe
Me inicié en las ideas marxistas leyendo la encíclica del Papa León XIII “De rerum novarum” que trajo a casa mi madre, trabajadora del esparto. Ella mantenía una cierta relación con obreros de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) quienes le facilitaron el documento papal. Ella no la leyó, apenas si tenía tiempo para realizar las tareas de supervivencia propia y de la familia.

Yo si la leí. Tendría unos 15 o 16 años. Y tomé buena nota. Dicha encíclica es, básicamente, un intento de enunciar un programa de la Iglesia Católica para los trabajadores. La clase obrera de la época estaba en auge y el socialismo marxista iba creciendo y creciendo. Viendo que su iglesia no se comía un pimiento en lo que respecta al movimiento obrero, que era la inmensa mayoría de la población, decidió cambiar su apoyo descarado al capitalismo por algo más suave, más tragable por los obreros y obreras.

Así que hizo una encíclica del “término medio” que es donde, según Aristóteles, habita la virtud. Y de esta forma nació la Doctrina Social de la Iglesia que supuso una verdadera revolución para la época. Decía combatir tanto el liberalismo (capitalismo) como el socialismo (marxismo) y leyéndola empecé a informarme de que era lo uno y lo otro.
A esa edad yo había comprobado, en la práctica, la hipocresía de la Iglesia, las ligaduras que la ataban al franquismo y había dejado de creer en las mentiras que llevaban reproduciendo casi dos mil años. Eso que ahora llaman, es la moda, en inglés, fake news, es más viejo que Matusalén.
Había sido, hasta entonces, una oveja más del rebaño. Pero esa oveja decidió vomitar todas las ruedas de molino con las que había comulgado hasta entonces y regirse por su propia razón.
Como dice Miguel Hernández en su poema Sonreídme, me liberé de la tiranía clerical y de sus mentiras y cuentos. Confirmé que no hay vida después de la muerte, que nadie podía tener un hijo sin dejar de ser virgen y que tampoco podía engendrarlo (en aquella época no existía la fecundación in vitro) que aunque los taberneros podían convertir el vino en agua, lo contario era imposible, que un trozo de pan no puede convertirse en el cuerpo de nadie, ni un vaso de vino en la sangre de nadie (de ser posible convertiría a los que comulgan en antropófagos), que ni el pecado original, ni el cielo, ni el infierno, existen y tropecientas barbaridades más.
La insistencia del Papa León XIII en condenar el marxismo, el socialismo, en su carta encíclica despertó mi curiosidad y, a partir de ahí, empecé a estudiarlos, aunque existían miles de dificultades porque los libros que hablaban de esos temas estaban prohibidos en España por obra y gracia de Francisco Franco, Caudillo de España por la gracia de Dios, y la Iglesia Católica, Apostólica y Romana que eran los censores del régimen franquista.
Al llegar a este punto, y para que se me entienda correctamente, quiero dejar bien claro que yo me he relacionado toda mi vida con cristianos de base y con sacerdotes progresistas, como los curas obreros del Pantano. Si hay que luchar, como hubo que hacerlo en su día, porque la Junta de Andalucía construyera una Guardería Infantil en el Pantano (la actual Guardería El Olivo), o por mejorar la sanidad pública, o porque los menos capaces tengan una educación apropiada, yo lucho junto a cualquier persona que tenga esos mismos objetivos, aunque no tengamos las mismas ideas.
De hecho, ya me gustaría a mí que todos los que se proclaman cristianos se rigieran por los principios morales que Jesucristo enunció: amaos los unos a los otros; dar de comer al hambriento; dar de beber al sediento; no matar; no calumniar ni injuriar…
A mí no me engañan ni los hipócritas (sepulcros blanqueados), ni el aparato de poder en que se convirtió la Iglesia Católica desde Constantino El Grande y el Concilio de Nicea.
Estoy plenamente de acuerdo con las palabras del narrador uruguayo Augusto Monterroso que en uno de sus aforismos dice: “Las ideas de Cristo eran tan buenas que tuvieron que inventar a la Iglesia para combatirlas”
He leído en este mismo periódico un artículo crítico sobre los evangelistas que han hecho una demostración de fuerza en el campo de fútbol del Atlético de Madrid. Estoy de acuerdo con casi todo lo que se dice en él. Pero quien, por el momento, saquea las arcas del Estado es la Iglesia Católica. Más de 10.000 millones de euros al año a los papistas es una exageración que conculca el artículo de la constitución donde dice que España es un país aconfesional.
Pero, pelillos a la mar, tampoco nos vamos a enfadar por eso. También dice que la soberanía reside en el pueblo, que la vivienda es un derecho, que estamos en un estado democrático y social, y etc,etc,etc.
Tienen (la Iglesia y las oligarquías que mandan en España) más cuentos que Calleja.













