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Andalucía encadena otro junio de récord: una señal más del avance del cambio climático




Andalucía ha vuelto a cerrar un mes de junio marcado por temperaturas excepcionalmente altas. Con una media de 25,5 grados, el sexto mes de 2026 se convierte en el segundo junio más cálido desde que existen registros, solo por detrás del registrado en 2025, según los datos provisionales de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). La anomalía térmica alcanzó los 2,8 grados por encima de los valores habituales para esta época del año.

Lejos de tratarse de un episodio aislado, los expertos insisten en que estos registros forman parte de una tendencia cada vez más evidente. Los veranos llegan antes, las olas de calor son más frecuentes, más intensas y más prolongadas, mientras que las noches tropicales se multiplican, dificultando incluso el descanso y aumentando los riesgos para la salud.

La propia AEMET viene advirtiendo desde hace años de que el calentamiento global está modificando el clima de España. En su análisis sobre la reciente ola de calor, el organismo señala que el número de días con temperaturas extremas se ha multiplicado en las últimas décadas y que este incremento es coherente con el aumento de la temperatura media asociado al cambio climático provocado por la actividad humana.
Los datos de este junio vuelven a reforzar esa tendencia. Desde 1961, los registros más cálidos se concentran de forma abrumadora en el siglo XXI, un comportamiento que los climatólogos consideran una de las principales evidencias del calentamiento del clima.
Las consecuencias van mucho más allá de las estadísticas. El aumento de las temperaturas incrementa el riesgo de incendios forestales, agrava la sequía, afecta a la agricultura y ejerce una mayor presión sobre los sistemas sanitarios. Durante el pasado mes de junio, las altas temperaturas estuvieron además relacionadas con un importante aumento de la mortalidad asociada al calor en España, según las estimaciones oficiales.
Con este nuevo récord, Andalucía confirma una realidad que deja de ser excepcional para convertirse en la nueva normalidad climática: cada verano resulta más cálido que el anterior y los fenómenos extremos son cada vez más habituales, una evolución que la comunidad científica vincula al avance del cambio climático.














