Opinión
La Liga de Fútsal de Morón: cuando el enemigo parece estar en casa




Acaba de terminar una nueva temporada y el silencio institucional resulta ensordecedor. Ni una mención, ni una valoración, ni una sola noticia desde la Delegación de Deportes sobre una competición que, aunque agonizante, sigue siendo la que más adultos reúne cada fin de semana para hacer deporte en Morón. Más de 130 inscritos y casi cuarenta años de historia parecen no ser argumentos suficientes para merecer un mínimo reconocimiento.

Porque la realidad es que la Liga Local de Futsal está muriendo. Y lo más preocupante es que da la impresión de que, lejos de intentar salvarla, cada decisión que se toma contribuye un poco más a su deterioro.
La primera víctima ya ha sido la tradicional Liga de Verano, eliminada ya el año pasado y sustituida por una competición de fútbol 7. Una decisión más que puede parecer aislada, pero que encaja dentro de una tendencia que algunos llevan años denunciando. Quienes ya peinan canas en esto recuerdan perfectamente cómo hace décadas algunos dirigentes del fútbol once local consideraban a la liga de fútbol sala como uno de sus principales competidores. Y tenía lógica: muchos jóvenes preferían reunirse con los amigos, echar un rato y competir los fines de semana sin las obligaciones de entrenar varias veces por semana ni recorrer media provincia cada dos domingos.

Aquella obsesión parecía cosa del pasado. Pero quizá no lo sea tanto.
Esta misma temporada apareció una normativa desde la propia Delegación que impedía a menores con ficha en clubes de fútbol participar en la Liga Local de Futsal, incluso disponiendo de carta de libertad. Una medida difícil de entender, ya no porque fuera totalmente discriminatoria respecto a la edad, sino porque su verdadera intención era crear un obstáculo insalvable para esos jugadores jóvenes. Se da la circunstancia, de la que hablaremos a continuación, que la persona que dirige o coordina actualmente Deportes, que es quién al final da las órdenes que tienen que aceptar todos los trabajadores de la Delegación, es la misma que preside la UD Morón CF.
Y aquí surge una pregunta inevitable. ¿Es compatible dirigir la coordinación deportiva y las instalaciones municipales de Morón mientras se dirige al mismo tiempo un club de fútbol que compite por espacios, recursos y deportistas con otras disciplinas?
Nadie pone en duda la honestidad ni la honradez de nadie. Sería injusto hacerlo. Pero precisamente porque damos por supuesta esa buena fe, conviene plantear una cuestión elemental: ¿es saludable una situación así? ¿No debería evitarse siquiera la apariencia de un conflicto de intereses?
Mientras tanto, la Delegación de Deportes, que presume de fomentar cualquier disciplina, por minoritaria que sea, ha dedicado semanas enteras de promoción en sus redes sociales al playoff de la UD Morón CF frente a El Saucejo. Una cobertura legítima, por supuesto, pero que contrasta con el absoluto olvido hacia la competición que más deportistas adultos moviliza cada fin de semana. Durante todo el año no ha habido espacio para una simple noticia de la Liga de Futsal. Quiero recordar que se publicó alguna vez una clasificación y una fotografía de algún equipo. Pero nada más. Como si no existiera.
Tampoco se pretende culpar de todos los males a la gestión de los últimos dos o tres años, esto viene de largo. Hace años se advertía desde estas mismas páginas que la apuesta por el baloncesto en la Alameda y la ocupación prácticamente exclusiva del pabellón por parte del CB Morón suponían una puñalada mortal para el fútbol sala. Con el tiempo, los hechos no han hecho más que alimentar aquella preocupación.
Pero ahora aún más, cada paso que se da parece ir en dirección contraria a las necesidades de una competición histórica. Parece que el enemigo está en casa.
Y eso es lo verdaderamente triste.
Porque la Liga de Futsal de Morón no es una competición cualquiera. Son casi cuarenta años de historia. Son generaciones enteras que han crecido con ella. Son cientos de vecinos que encontraron en el fútbol sala una forma de hacer deporte, de mantener amistades y de seguir sintiéndose parte de algo.
La Liga está agonizando. Quizá incluso esté ya clínicamente muerta. Pero lo que no se puede consentir es que, entre unos y otros, terminen por rematarla y encima pretendamos salir de rositas.














