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Opinión

Tú puedes ser un filósofo o una filósofa. Por Juan Segura

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Me crie en una sociedad autoritaria. Franco murió cuando tenía 26 años y la infancia marca mucho a las personas. Por eso los expertos en manipulación (la Iglesia Católica, por ejemplo) procuran influir en los niños y niñas desde que son muy pequeños (bautismo, confirmación, primera comunión, catequesis temprana…).

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Unos de los efectos de una educación autoritaria es que infunden en las mentes de los pupilos una reverencia excesiva por la autoridad. Por toda autoridad, ya sea civil, ya sea militar; cuando no un miedo irracional. Gobernantes, maestros, curas, guardias civiles, militares de cualquier graduación, estaban muy por encima de ti, en un plano superior, inalcanzable.

Supongo que esto nos ocurría más a los niños y niñas provenientes de la clase obrera. También veíamos como superiores, inalcanzables, las condiciones de vida que disfrutaba la burguesía y todos aquellos que medraban con el franquismo.

El complejo de inferioridad se extendía a otros muchos ámbitos. Por ejemplo, para nosotros un médico, un juez, un abogado, o un ingeniero eran figuras gigantes. Nunca podríamos llegar a su altura. Jamás podríamos compararnos con ellos. Esa era la sensación que sentíamos los proletarios y su prole.

Habrán caído en la cuenta de que estoy utilizando el género masculino para señalar a estas autoridades.

De pequeño yo no conocí a ninguna doctora, ni ingeniera, ni abogada, muchos menos juezas. Tampoco mujeres guardias civiles ni policías armadas.

Y lo que todavía no existen son las sacerdotisas. Parece que la religión católica va a ser el último bastión del machismo. Ni concilio, ni papas progresistas, ni leches. Cerrados a cal y canto al progreso social en el campo de la igualdad entre sexos.

Igualmente inalcanzable eran otras cosas que parecían estar en la estratosfera.

Tal era la condición de filósofo o filósofa. Nos ponían a tal altura a Aristóteles, Platón, Santo Tomás de Aquino, Kant, Ortega y Gasset…que más parecían dioses que criaturas humanas.

Pues bien, hoy vengo a darles a ustedes una noticia, una buena noticia: cualquiera puede ser filósofo, cualquiera puede ser filósofa.

Para ser filósofo no hacer falta ser un Salomón.

Filósofo significa  “amigo-a de la sabiduría” del griego filo=amigo,amante y sofía=sabiduría. También podríamos definir al filósofo como aquella persona que busca la verdad, que tiene curiosidad y ganas de saber.

Así que tampoco hacer falta tener ningún título. He conocido a gente con títulos que, inmediatamente los han obtenido, no han leído un libro más en su vida. He sido maestro y sé muy bien de lo que hablo.

Y he conocido a obreros de diferentes ramas con una curiosidad intelectual tremenda. Podría dar ejemplos numerosos en Morón y en otros lugares donde he vivido, pero no lo creo necesario porque considero que ustedes también conocerán a este tipo de personas.

Si una persona tiene curiosidad por los distintos saberes o por alguno en particular, si no se deja engañar fácilmente porque busca, como un detective, la verdad, aún en condiciones difíciles. Si tiene amor por el estudio, esa persona no será un gran filósofo, una gran filósofa. Pero sí una filósofa o aprendiz de filosofo.

En el mundo ha habido muchos más filósofos y filósofas que los que se enseñan en Historia de la Filosofía. Millones y millones.

Así que, sin complejos, tú puedes ser un filósofo. Tú puedes ser una filósofa. Está a nuestro alcance, y más con los medios con los que contamos hoy. No hace falta figurar en la Historia de la Filosofía. Por cierto, algunas personas que figuran como filósofos en dicha historia mantuvieron algunas ideas peregrinas que no se sustentan en la realidad.

Así que, menos lobos. Atrévete a saber, decía Kant. Con humildad, pero sin complejos.

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