Opinión
Reflexiones en Semana Santa. Primera parte/ Lunes de anatema*: Josué, el conquistador-exterminador por encargo
Como yo me tomo la Semana Santa mucho más en serio que la mayoría de los cristianos (los católicos son los que más cachondeo le imprimen con sus paganos ritos que quieren hacer pasar por religiosidad) voy a someterme durante esta Semana de Pasión a una penitencia que yo mismo me impongo.


Por Juan Segura
Reflexiones en Semana Santa. (1) Entrada en la tierra prometida.
Josué, el conquistador-exterminador por encargo
Como yo me tomo la Semana Santa mucho más en serio que la mayoría de los cristianos (los católicos son los que más cachondeo le imprimen con sus paganos ritos que quieren hacer pasar por religiosidad) voy a someterme durante esta Semana de Pasión a una penitencia que yo mismo me impongo.

Como casi todo el mundo sabe, la Biblia se divide en dos grandes apartados: el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. Ambos se componen de una serie de libros escritos por diversos autores que pretenden hacerse eco de la “palabra de Dios”. El Corán de los islamistas también tiene esa pretensión. Según ese libro también Alá habló a Mahoma, a través del ángel Gabriel, y el autoproclamado profeta escribió sus mensajes en el libro sagrado de los musulmanes.
Jehová (Yavé), Cristo y Alá son los principales protagonistas de las religiones monoteístas que también reciben el nombre de las “Religiones del Libro” (el libro es la Biblia) pues todos tienen en común un ancestro: Abraham.
Yo soy partidario de que, en vez de tanto adoctrinamiento iletrado, los funcionarios de las tres religiones (curas y monjas, rabinos e imanes) se dedicaran a conseguir que sus fieles leyeran todos, al menos la parte común que tienen los tres: el Antiguo Testamento.
Y como hay que predicar con el ejemplo, yo les voy a ayudar a ese propósito. Como en una semana no puedo glosar los tropecientos libros que forman la Biblia, he escogido uno: el Libro de Josué. Es el libro que viene después del Pentateuco, que como su nombre griego indica está compuesto por cinco libros: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.
Espero que durante la semana de pasión me dé tiempo a reseñarlo por completo. Tengo esperanza que a muchas de las personas que lean este texto comentado les entre el gusanillo de leer los demás. Escribiré una reseña por día desde el lunes santo hasta el domingo de resurrección. El domingo de ramos, palmas, asnos y demás hierbas y matojos, pienso dejar tranquilo al personal creyente para que calibren el tamaño de mi respeto.

Sería anatema amargarles una jornada tan entrañable y simpática. Cristo encima del burro y el personal tan bien maqueado para la ocasión no merecen que se entretenga a fieles, agnóstico y ateos con lecturas bíblicas. El paseo oliendo a azahar primaveral y la cervecita con gambas más allá del mediodía merecen todo el respeto del mundo.
El “Libro de Josué” relata la historia de la conquista de la “tierra prometida” (Canaán) por Jehová a los israelitas desde la muerte de Moisés hasta la muerte de Josué. Considero que, para hacerse una buena idea del contenido del libro, no es necesario copiarlo todo. Pero aconsejo su lectura total, como fuente primaria. Pondré en cursiva los textos literales de la Biblia y en letra normal mis comentarios. Para que la lectura resulta menos pesada cortaré todo aquello que resulta reiterativo o crea que no es necesario enumerar. Podrán darse cuenta porque el texto en cursiva va en versículos numerados; además los cortes se señalan también con puntos suspensivos. Lo cual servirá a quienes quieran cotejarlo con la Biblia. Yo he utilizado la edición del Círculo de Lectores.
En contra de lo que se podría pensar, el Libro de Josué está de rabiosa actualidad. Leyéndolo se nos aclaran muchas cosas. Entre otras, el actual genocidio en Gaza o la actual guerra de agresión de Israel-EE.UU contra Irán. Muchos de los que gobiernan y viven en el estado que ellos llaman Israel, están imbuidos de las ideas que se expresan en este libro. Y también rondan por las cabezas de los actuales gobernantes en EE.UU.
Empecemos:
I. 1ENTRADA EN LA TIERRA PROMETIDA. Preparativos. Después de la muerte de Moisés, siervo de Yavé, Yavé dijo a Josué, hijo de Nun y colaborador de Moisés: 2“Moisés, mi siervo, ha muerto, ahora comienza a actuar tú, pasa el Jordán, que tienes a la vista, tú y todo tu pueblo, hacia la tierra que yo doy a los israelitas. 3Todo lugar que pisen vuestros pies os lo doy, como dije a Moisés. 4Vuestro territorio abarcará desde el desierto del Líbano hasta el río grande, el Éufrates, y hasta el mar Mediterráneo…9Yo te he mandado que seas fuerte y valeroso. No temas ni te arredres, porque Yavé, tu Dios, estará contigo donde quiera que vayas”
Tiene bemoles que Jehová regale una tierra, donde vivían y trabajaban otras personas, a los israelitas. Jehová tenía otras alternativas a lo largo y ancho de este mundo. Había otras tierras sin poblar o poco pobladas (Australia, por ejemplo).
En cualquier caso, podría haber hecho alguno de sus numerosos prodigios y, por ejemplo, haber convertido alguna zona desértica, en el Sinaí, en el Sáhara…en un vergel y mandarlos allá. Pero, no.
Este Jehová quería guerra. Tenía sed de sangre, como se demuestra en este libro y en otros muchos de la Biblia. Es un dios más parecido a Marte, el dios de la guerra, que una deidad benévola y pacífica. Observen que lo que “ofreció” Jehová a los israelitas, hace miles de años, es un territorio mucho más extenso que el denominado como Palestina. Va del Éufrates al Mediterráneo.
No es ninguna casualidad que los soldados de Israel lleven, cosidos en su uniforme, un mapa que abarca todo ese territorio (al que llaman Gran Israel) que, supuestamente, concedió Jehová a su “pueblo elegido”. Expresan así sus ansias de “recuperar” todo lo que consideran “suyo” por la gracia de “su” Dios, Jehová. Así que toda Palestina es suya (incluyendo Gaza y Cisjordania) pero también Líbano y todos los territorios hasta llegar al Éufrates.
Se habla hoy mucho de la influencia que tienen las mentiras, las falsas noticias (fake news) en la conformación de la mentalidad de las personas. Parece ser que las narrativas falsas, los cuentos de León Felipe, son intemporales.
Pasan miles y miles de años y todavía hay gente que se creen los tropecientos cuentos del Antiguo Testamento, o los más modernos del Nuevo o del Corán. Cuentos tales como que existen “pueblos elegidos” a los cuales su dios les asigna una tierra para vivir, que las murallas de una ciudad se pueden derribar al toque de trompetas, que se puede para el sol, que es posible la resurrección de un muerto bien muerto, que después de morir seguimos viviendo y que existen un paraíso y un infierno extraterrestre…o que la tierra es plana.
Combatir los cuentos es una de las tareas más dignas que puede asumir cualquier persona honesta. Hubo un siglo donde este espíritu floreció como en ningún otro: el Siglo de las Luces, el siglo de la Ilustración. ¡Honor y gloria para los ilustrados!
*Anatema.- Esta palabra es clave en El Libro de Josué. Se repite incesantemente, al igual que las frases pasar a cuchillo, sin dejar ni uno, exterminar a todo ser viviente, sin dejar supervivientes,… y otras similares. En este contexto entregar al anatema a una persona, grupo de personas o animales (seres vivientes) significa matarlo, exterminarlo, liquidarlo. La palabra anatema también puede significar maldición, maldito, hereje, herejía.















