Opinión
Postales desde La Habana: «Aquí no se rinde nadie»


¿Cómo reorganizar la sociedad en este nuevo contexto tan terrible? ¿Es momento de profundizar la Revolución de manera acelerada? Las preguntas sin respuestas circulan en las calles de La Habana, mientras la gente intenta sobrellevar las condiciones extremas. Son estampas de Cuba, en este insólito 2026
Josue Benavides Esteva
Diario Red
Le pregunté a una amiga canadiense por la situación allá, una vez que el primer ministro de ese país norteamericano dijera lo que dijo en Davos. “Bastante tranquilo. Aquí cada cual vive en su mundo y no son de seguir mucho las noticias”, me respondió. Cuando leía esto, me decía: «aquí en Cuba la gente está tranquila también y al mismo tiempo está muy informada, no de todo, pero sí de varias cosas importantes».
El cubano es un pueblo raro, siempre me digo. Enero no ha pasado desapercibido para nadie. Quizás antes del día 3 de enero, y ni así, porque el 1 y el 2 de enero, milagrosamente no se fue la luz, al menos en la capital y otras ciudades importantes. Pero después del día 3 todo ha sido un vendaval. Una vez más somos puestos a prueba, dentro y fuera. En mi rutina diaria de ir a la universidad y regresar a mi casa, encuentro siempre muestras de cómo este pueblo ha recibido día tras día cada acontecimiento.
Enero no ha pasado desapercibido para nadie. Quizás antes del día 3 de enero, y ni así, porque el 1 y el 2 de enero, milagrosamente no se fue la luz,
Hay quien no se sabe el nombre de Delcy Rodríguez, la presidenta encargada de Venezuela, pero sabe lo que está haciendo, con opiniones de todo tipo: “la tienen chantajeada”, “¿tú viste lo que está haciendo?”, “ella va a seguir luchando”. Por otro lado: “ojalá los americanos se empantanen en Irán”, “ellos se piensan que eso es jamón”. Los días de concentración: “El discurso de Díaz-Canel estuvo bueno”, “¿viste lo que hizo el combatiente herido contra el helicóptero?”, “oye, sobrevivió un camagüeyano que estuvo recogiendo a los muertos”. Y así…
«Con los muertos no se juega»
Anunciaron la llegada de los restos de los 32 combatientes en Venezuela. Fue una semana dolorosa. Un mundo de gente esperó a los 32 en lo largo de los varios kilómetros de la Avenida Boyeros, antes de que llegaran al ministerio de las Fuerzas Armadas. El normal bullicio de cuando “no está pasando nada” fue interrumpido por el silencio cuando se entendió que los combatientes y sus familiares estaban a muy pocos minutos de pasar por nuestro punto de concentración. Los estudiantes levantaban los carteles con imágenes y los nombres de los caídos; el pueblo gritaba consignas, entre el llanto, la rabia y la emoción. Fue quizás un minuto y medio de solemnidad. Terminó de pasar la caravana y mi amiga me abrazó y lloró. Luego nos preparamos para ir al Ministerio. Ese día hubo una larga fila de varias cuadras y un grosor de entre 4 y 6 personas que se extendió hasta las 11 de la noche. Llovió a cántaros varias veces y sopló un viento muy frío. Nadie se movió. Quizás algunos se replegaron bajo los árboles para luego, a la primera escampada, volver a unirse a la larga fila. Era una cuestión de honor. “Con los muertos no se juega”, pasaba una y otra vez por mi cabeza.
«Váyanse al carajo»
Al día siguiente hubo una marcha en la Tribuna Antimperialista. Cualquiera, menos nosotros, hubiera pensado que iría poca gente luego de la concentración del día anterior. En efecto, fue muchísima gente. Escuchamos al presidente y comenzó la marcha desde el Hotel Nacional hasta la Calle G. Me asombró una señora muy anciana yendo a la Tribuna con ayuda de su andador. La hice un gesto de aprobación y me dijo: “aquí no se rinde nadie”. Para mí y mis compas fue un momento conmovedor.
Una increíble banda sonora de fondo acompañaba al pueblo, gritos de guerra, carteles y pancartas de los colectivos laborales. De camino está la embajada de Estados Unidos. Fue el momento de mayor gritería, el momento de los mayores insultos bien merecidos, el momento de sacar el dedo del medio, mostrarse más rabioso, dispuesto e indisciplinado: “aquí no hay miedo” y “váyanse al carajo”. Una cuadra más adelante estaba un grupo de dirigentes saludando al pueblo caminando. Los acompañaba Mijaín López, el luchador de las cinco medallas de oro olímpicas. Transmitía fuerza, lealtad y sencillez. La gente se hablaba con dolor y consternación, pero también con orgullo.
Un portaviones a 60 millas de Varadero
Siguió transcurriendo enero y un portaviones de Estados Unidos se estacionó a 60 millas de Varadero; volaron aviones en aguas territoriales cubanas y amenazaron diplomáticamente. Hace unos días, los estadunidenses insinuaron un bloqueo naval; finalmente nos declararon una «amenaza inusual»… y aranceles para quien nos venda petróleo. Es increíble esta situación. Ahora se quieren poner delante de los acontecimientos diciendo que se están llevando a cabo conversaciones con la alta dirección de Cuba. Pareciese que ambos gobiernos no hablan hace más de un siglo, cuando en realidad con cierta frecuencia tienen conversaciones sobre varios temas. Además, Cuba repite casi año tras año que está dispuesto a dialogar, siempre desde la igualdad y fuera de juegos y chantajes.
En Cuba podremos estar muy irritados con muchas cosas, pero una bota gringa en nuestro suelo es inaceptable completamente.
Aquí la realidad es muy contradictoria, porque con el nivel de información e instrucción que tiene una persona por acá, es para que estuviera envuelta en nervios todo el tiempo. Sin embargo las personas siguen yendo a sus centros laborales como pueden (porque el transporte está deprimido), asisten a sus reuniones, tratan de conseguir sus alimentos. Eso sí, el estrés por los cortes de luz es grande. La capital sufre menos en general, aunque ahora más por obvias razones. Como siempre le digo a mis amigos del exterior: en Cuba podremos estar muy irritados con muchas cosas, pero una bota gringa en nuestro suelo es inaceptable completamente. Unos lo manifiestan de maneras más claras que otros. Algunos ponen banderas en sus balcones, otros organizan mítines, y otros participan en las concentraciones políticas.
¿Qué habría hecho Fidel?
El secuestro de Nicolás Maduro el 3 de enero, el bombardeo a la población y los centros de investigación, el obligar a negociar a Venezuela con una pistola apuntándole a la cabeza, nos han hecho pensar mucho en qué habría hecho Fidel en estos días. Aquí se extraña mucho al viejo de la barba blanca, a veces nostálgicamente, a veces desde la memoria histórica (es más movilizadora). Pero este enero nos acordamos mucho de que los principios no se negocian, que los cubanos no abandonamos a nuestros amigos y que si hay que negociar, se negocia desde posiciones de dignidad y no bajo una relación de fuerza.
También nos hacemos muchas preguntas, porque esta es una nueva situación para nuevas generaciones ¿Cómo reorganizar la sociedad en este nuevo contexto tan terrible? ¿Es momento de profundizar la Revolución de manera acelerada? ¿Qué significa eso? Son preguntas difíciles para nosotros por acá, no hay respuestas claras. Nos corresponde encontrar la salida a nosotros junto a nuestros hermanos y hermanas de América Latina, África y en general los pueblos del Sur.
Posdata para México
El general mexicano Ignacio Zaragoza, durante la Batalla de Puebla contra el ejército francés, repetía incansablemente mientras recorría las tropas: «Tienen de frente al ejército más poderoso del mundo, pero ustedes son los mejores hijos de México». Nuestros 32 se enfrentaron al ejército más poderoso de la historia. Nos tocará a nosotros y nosotras ser parte de los mejores hijos e hijas de Cuba y de toda Nuestra América.














