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Morón

La delirante euforia del Ayuntamiento por un McDonald’s: el «antes y después» de Morón (o cómo confundir una hamburguesa con Silicon Valley)

Las declaraciones de la Delegada de Hacienda encierran un paternalismo y un clasismo difícil de disimular e impropio de una representante de un municipio de más de 27.000 habitantes, por no hablar del cipayismo que se gasta nuestra representante al hablar de la multinacional norteamericana.

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Hay momentos en los que uno no sabe si está viendo la presentación de un restaurante de comida rápida o la llegada del Centro Europeo de Investigación Nuclear a Morón de la Frontera.

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Escuchar a la delegada de Hacienda presentar la llegada de un McDonald’s daba la sensación de que Morón acababa de conseguir que Google instalara aquí su sede europea. «Un antes y un después», «motor económico», «empleo joven», «balón de oxígeno para 35 familias»… Solo faltó anunciar que la Avenida de Pruna será el nuevo Silicon Valley de la Sierra Sur.

El entusiasmo institucional resulta, cuanto menos, llamativo. No porque abrir un nuevo negocio sea una mala noticia —todo lo contrario—, sino porque sorprende el nivel de épica que se ha construido alrededor de una franquicia de hamburguesas que abre restaurantes prácticamente a diario en medio mundo.

Porque conviene recordar que cuando se habla de «empleo joven» también habría que hablar del tipo de empleo que suele ofrecer el sector: contratos parciales, horarios rotativos, salarios ajustados y un ritmo de trabajo intenso. Es una realidad conocida y debatida desde hace años. Trabajo, sí; pero difícilmente el modelo laboral al que debería aspirar un municipio de casi 27.000 habitantes.

El Ayuntamiento parezca decir que la instalación de este restaurante de comida rápida es la gran revolución económica de Morón.

El «balón de oxígeno»

Hay una frase de la delegada de Hacienda que merece una reflexión aparte: afirmar que McDonald’s supondrá «un balón de oxígeno para 35 familias».

La expresión encierra un paternalismo y un clasismo difícil de disimular. Como si esas familias tuvieran que sentirse agradecidas porque una multinacional les ofrezca la posibilidad de acceder a empleos que, en muchos casos, se caracterizan por la parcialidad, la rotación de horarios y salarios ajustados. No es un balón de oxígeno. Es, en el mejor de los casos, una oportunidad laboral que merece respeto, pero no una medalla política.

Para balón de oxígeno el que le da el Ayuntamiento de Morón a las cuentas domésticas de la propia Cristina Cuadro, un sueldo sustentado en una subida de impuestos histórica (aprobada por ella misma y sus compañeros de gobierno) que ahogan a sus vecinos.

EL ANTES Y DESPUÉS

El día que se anuncie una empresa industrial, tecnológica o de alto valor añadido que cree decenas o cientos de empleos estables y bien remunerados, entonces sí podremos hablar de un antes y un después.

El verdadero éxito de un municipio no debería medirse por cuántos McAuto tiene.

Debería medirse por cuántos jóvenes pueden quedarse a vivir en él sin tener que elegir entre un contrato de veinte horas, horarios imprevisibles o hacer la maleta.

Mientras tanto, conviene bajar un poco el volumen de la propaganda. Porque una hamburguesa con patatas puede ser una buena comida rápida, pero difícilmente constituye un modelo de desarrollo económico.

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