Morón
Un medio financiado por el Ayuntamiento de Morón da escaparate a simbología del grupo nazi Núcleo Nacional
¿Dónde está la línea que separa informar de normalizar? El debate trasciende a un simple ejercicio periodístico cuando el medio recibe financiación pública del Ayuntamiento y el propio Consistorio promociona proyectos culturales vinculados al entrevistado. Este editorial reflexiona sobre la responsabilidad de los medios, las instituciones y la sociedad ante la normalización del extremismo y reivindica la necesidad de un verdadero cordón democrático y antifascista frente a quienes pretenden convertir el odio en una opción más del paisaje cotidiano.




Imagen de portada: «pantayazo» de la web www.moroninformacion.es el 27 de julio de 2026
EDITORIAL.
Hay una diferencia enorme entre informar y blanquear. Entre contar una noticia y servir de escaparate. Entre ejercer el periodismo y convertirse, consciente o inconscientemente, en una agencia de publicidad gratuita. Y esa diferencia, por lo visto, algunos todavía no la han encontrado.
Esta semana un medio digital de Morón (moroninformacion) decidió entrevistar al director de un cortometraje local. Hasta aquí, nada habría que objetar, si no fuera porque el director del corto utilizó la entrevista para salir del armario y reconocerse como seguidor del grupo neonazi Núcleo Nacional al portar una camiseta con su logotipo.
Mientras Pablo Mora -que es como se llama el susodicho- hablaba de su obra, lucía con absoluta naturalidad la camiseta de Núcleo Nacional, organización cuyos propios dirigentes se reconocen racistas y xenófobos, y muestran públicamente su admiración por el ideario hitleriano, recordando incluso la presencia de un retrato de Adolf Hitler en la inauguración de su sede en Madrid (imagen a continuación y vídeo del líder de NN al final del artículo).

Pero, al parecer, todo eso debió parecer un detalle sin importancia.
Quizá alguien en la redacción pensó que aquel logotipo era el de un club de senderismo. O de una peña carnavalesca. O de una asociación de amigos del cultivo ecológico de la acelga.
Hay ciertas ignorancias que son difíciles de creer.
Porque cuando un periodista entrevista a alguien que lleva un símbolo político perfectamente identificable, ese símbolo también forma parte del mensaje que recibe el lector. Igual que nadie entendería una entrevista publicada con una enorme esvástica ocupando media fotografía alegando que «solo entrevistábamos al director de un corto», tampoco resulta razonable fingir que el emblema de una organización nazi es un simple estampado decorativo.
Las imágenes también comunican.
Y las imágenes también normalizan.
UN MEDIO FINANCIADO POR UN AYUNTAMIENTO DEL PSOE QUE, A LA VEZ, TAMBIÉN COLABORA CON EL SEGUIDOR DE NÚCLEO NACIONAL EN OTROS PROYECTOS
No está de más recordar que el digital que ha publicado la entrevista (eliminada un día después) recibe financiación pública mediante contratos de publicidad institucional adjudicados por el Ayuntamiento de Morón, gobernado por el PSOE. Cerca de 10.000 euros en uno de ellos, dentro de una campaña más amplia de inserciones publicitarias financiadas con dinero público. Un dinero que, en teoría, debería servir para difundir campañas institucionales, no para contribuir —aunque sea de manera indirecta— a la visibilidad de símbolos vinculados a organizaciones hitlerianas junto a publicidad de, por ejemplo, el Área de Juventud.
Y por si el guion no fuera suficientemente surrealista, una de las persona responsables de ese medio también desarrolla funciones en el Ayuntamiento a través del programa Sevilla Activa, financiado por la Diputación de Sevilla, también gobernado por el PSOE.
Todo muy normal.
Tan normal como que el propio Ayuntamiento ceda instalaciones municipales como el Centro de Empresas (tal y como anunció el propio Mora) para la presentación del cortometraje, y que otra de sus películas forme parte del programa municipal «Cine de Barrio», que organiza, promociona y financia el propio Consistorio.
¿El antifascismo institucional debe funcionar así? No pareciera.
Porque no es de recibo que por la mañana se publique un manifiesto contra el odio y, entre acto y acto, se promocionan actividades de personas que exhiben públicamente símbolos de organizaciones nazis, cuyos dirigentes defienden discursos que hace apenas unos días hablaban de la superioridad de unos seres humanos sobre otros o cargaban contra inmigrantes, mujeres y minorías.
El antifascismo empieza precisamente cuando resulta incómodo.
Cuando obliga a tomar decisiones.
Cuando supone renunciar a la comodidad del «yo no sabía».
Cuando exige preguntarse si merece la pena regalar visibilidad a determinados individuos, aunque sea con la excusa de promocionar un cortometraje o una película.
Y también cuando obliga a preguntarse si el dinero público debe acabar sosteniendo medios, proyectos de cine o culturales que, por acción o por omisión, terminan convirtiéndose en escaparate de símbolos e ideología neonazi.
Frente a quienes pretenden normalizar el odio y el autoritarismo, los demócratas no podemos responder con indiferencia. Es momento de levantar un auténtico cordón democrático y antifascista que aísle a quienes hacen de la intolerancia su bandera. No se trata de censurar ideas, sino de no contribuir a blanquear proyectos políticos que atacan los valores básicos de una sociedad democrática: la igualdad, la libertad y los derechos humanos.
La democracia no solo se defiende en las urnas; también se defiende negándose a normalizar aquello que busca destruirla.















