Opinión
Excomunión y expulsión de Baruch Spinoza de la comunidad judía sefardita de Amsterdam. Por Juan Segura


que los que matan se mueran de miedo…
que las verdades no tengan complejos
que las mentiras parezcan mentiras…
que ser valiente no salga tan caro,
que el ser cobarde no valga la pena,
que no te compren por menos de nada,
que no te vendan amor sin espinas,
que no te duerman con cuentos de hadas,
que no te cierren el bar de la esquina.
(Joaquín Sabina) Algunos versos de “Noches de boda” Negritas del autor del artículo.
Decreto de excomunión de Baruch de Spinoza – 1656
“Los dirigentes de la comunidad ponen en su conocimiento que desde hace mucho tenían noticia de las equivocadas opiniones y errónea conducta de Baruch de Spinoza y por diversos medios y advertencias han tratado de apartarlo del mal camino.

Como no obtuvieran ningún resultado y como, por el contrario, las horribles herejías que practicaba y enseñaba, lo mismo que su inaudita conducta, fueron en aumento, resolvieron de acuerdo con el rabino, en presencia de testigos fehacientes y del nombrado Spinoza, que éste fuera excomulgado y expulsado del pueblo de Israel, según el siguiente decreto de excomunión:
Por la decisión de los ángeles, y el juicio de los santos, excomulgamos, expulsamos, execramos y maldecimos a Baruch de Spinoza, con la aprobación del Santo Dios y de toda esta Santa comunidad, ante los Santos Libros de la Ley con sus 613 prescripciones, con la excomunión con que Josué excomulgó a Jericó, con la maldición con que Eliseo maldijo a sus hijos y con todas las execraciones escritas en la Ley.
Maldito sea de día y maldito sea de noche; maldito sea cuando se acuesta y maldito sea cuando se levanta; maldito sea cuando sale y maldito sea cuando regresa. Que el Señor no lo perdone. Que la cólera y el enojo del Señor se desaten contra este hombre y arrojen sobre él todas las maldiciones escritas en el Libro de la Ley.
El Señor borrará su nombre bajo los cielos y lo expulsará de todas las tribus de Israel abandonándolo al Maligno con todas las maldiciones del cielo escritas en el Libro de la Ley. Pero ustedes, que son fieles al Señor vuestro Dios, vivid en paz.
Ordenamos que nadie mantenga con él comunicación oral o escrita, que nadie le preste ningún favor, que nadie permanezca con él bajo el mismo techo o a menos de cuatro yardas, que nadie lea nada escrito o trascripto por él.»

Amsterdam.1656
En tiempos de intolerancia, de irracionalidad, que llegan hasta el extremo de llamar “hijo de puta” a un presidente de gobierno por parte de otra presidenta de comunidad autónoma, sin que pida perdón sino, por el contrario, que se reafirme en el insulto con la gracieta de “me gusta la fruta”, es necesario traer a colación ejemplos del pasado para corroborar que la intolerancia y la irracionalidad no son cosas del momento sino que tienen una larga historia.
Hoy presento a los lectores el caso del eminente filósofo racionalista Baruch de Spinoza. Tenía 23 años cuando su comunidad judía lo expulsó. La excomunión (sherem) tuvo unos efectos devastadores para el joven filósofo. Su familia lo abandonó, quedó solo. Tuvo que ganarse la vida puliendo lentes para microscopios y telescopios.
Spinoza es uno de los grandes ejemplos de valentía intelectual. Frente a los fanáticos religiosos defendió, durante toda su vida la libertad de pensamiento. Estuvo a punto de costarle la vida. Un día, al salir de la sinagoga, un judío fanático intentó matarlo con un cuchillo. Las heridas fueron superficiales, pero Spinoza guardó durante toda su vida el grueso gabán que llevaba puesto y que le salvó la vida.
Nada consiguió vencer su decisión de pensar y escribir con libertad. No sólo le persiguieron los judíos, también los calvinistas, la Inquisición católica y todas las demás tribus y sectas religiosas que pululaban por Europa.
Prohibieron sus libros, se negó impartir clases en la Universidad de Heidelberg al no garantizarle su total libertad de expresión, sufrió los ataques de numerosos teólogos de la época, tuvo que vivir una vida de escasez en todos los sentidos.

Pero no se rindió ante los distintos poderes políticos y eclesiásticos que quisieron hacerle desaparecer del mapa junto con sus escritos. Yo aconsejo vivamente a los lectores que lean a Spinoza. En especial su Tratado teológico-político. Comprenderán entonces la vesania con que se le persiguió.
Por mi parte, en este artículo, quiero comentar con cierto detenimiento el decreto de excomunión que lo separó de su comunidad en 1656, inserto al principio de este escrito, después de los versos de Joaquín Sabina.
Dicen los de la sinagoga que sus herejías eran horribles y su conducta inaudita. Hay que decir que Spinoza fue toda su vida una persona muy moderada y austera, para nada violento ni dado al escándalo de ningún tipo. Su horrible herejía consistió en poner la razón por delante de cualquier superstición, fue con Descartes y Leibniz, de los cuales fue amigo, los tres ejemplos más relevantes de la filosofía racionalista del siglo XVII.
Estudió en profundidad las Escrituras y lo que encontró no gustó ni a rabinos, ni a pastores, ni a sacerdotes católicos. Su gran pecado fue regirse por su propio pensamiento, denunciando los numerosos cuentos que habitan en ellas. Era un experto en filología y sabía hebreo, español, portugués, holandés y algunos otros idiomas.
Puso al descubierto la utilización política de la religión y la utilización de la misma como arma de poder en manos de los funcionarios de las distintas creencias.
La pretensión de los rabinos que lo excomulgaron de que lo hacían por decisión de los ángeles, y el juicio de los santos y con la aprobación del Santo Dios, es una prueba de lo que acabamos de decir en los dos párrafos anteriores. Por lo visto la decisión no era de los rabinos sino de los ángeles y, además, contaban con la aprobación del mismísimo Santo Dios. Ridículo y estúpido. Pero en 1656, tenían un poder omnímodo.
La excomunión de Spinoza no fue una excomunión normal. Fue una excomunión con anatema que era el máximo castigo que se podía infligir a un miembro de la comunidad judía.
Fíjense con qué odio lo maldicen: maldito sea de día y de noche; al levantarse y al acostarse; cuando salga de su casa y cuando regrese; que la cólera y el enojo del Señor se desaten contra este hombre y arrojen sobre él todas las maldiciones escritas en el Libro de la Ley; el Señor borrará su nombre… abandonándolo al Maligno con todas las maldiciones del cielo.
Y por si eso no le hiciera efecto, bajan del cielo y vuelven a la tierra con esta orden-condena: Ordenamos que nadie mantenga con él comunicación oral o escrita, que nadie le preste ningún favor, que nadie permanezca con él bajo el mismo techo o a menos de cuatro yardas, que nadie lea nada escrito o trascripto por él.»
Demostrando así todo lo contrario de lo que decían que predicaban: la misericordia, la piedad, el amor. Pero no lograron domesticarlo. Y su figura resplandece triunfante ante todas las personas de buena voluntad y los librepensadores de todo el mundo.
Gloria eterna para Baruch (Benedicto) de Spinoza. Uno de los mejores pensadores y mejores personas que han visto y verán los tiempos. Uno de los tantos “santos” laicos que, a través de la historia, sufrieron persecución por defender la verdad y la justicia.
Su vida y su obra permanecerán, por la eternidad, como un faro luminoso, en el pensamiento y el corazón de todas aquellas personas que se acerquen a conocer sus obras y su experiencia vital.
Amén.














