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Morón

Un gallo, unas luces LED y casi 300.000 razones para aplaudir: Morón, de la farola premium al ave metálica de autor

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En Morón ya no hace falta leer a Hans Christian Andersen para entender El traje nuevo del emperador. Basta con darse un paseo por el parque del Gallo de Canillas y contemplar la nueva joya municipal: una estructura metálica con forma de gallo para que jueguen los niños… por la módica cantidad de 258.981 euros. Casi 300.000 si añadimos el inevitable redondeo emocional del contribuyente.

La obra, eso sí, no es un simple columpio. Tiene redes, presas de escalada, laberintos, tobogán tubular y luces LED alimentadas por placas solares. Es decir, si el niño no se divierte, al menos podrá sentirse dentro de una rave ecológica patrocinada por el Ayuntamiento.

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El problema es que en Morón ya existe una larga tradición de mobiliario urbano convertido en pieza de coleccionista. Algunos todavía recuerdan las legendarias farolas del Pozo Nuevo, adquiridas durante el gobierno de Morilla, donde cada unidad alcanzó la categoría de objeto de lujo municipal rondando los 15.000 euros por farola. No iluminaban más que las normales, pero probablemente daban una luz interior incomparable.

Ahora el testigo lo recoge el Gallo de Canillas, que eleva el listón de la ingeniería presupuestaria local: de la farola premium al ave metálica de autor. Morón no instala parques infantiles; Morón crea experiencias sensoriales financiadas con dinero público.

Como en el cuento de Andersen, todo el mundo parece admirar maravillado la obra maestra. Que si “alto valor simbólico”, que si “revitalización urbana”, que si “identidad cultural local”. Nadie quiere parecer el tonto que no entiende el arte institucional contemporáneo. Hasta que aparece el niño del cuento —o en este caso el vecino que mira el presupuesto— y dice lo evidente:

—Pero… ¿esto no es un gallo gigante de hierro que ha costado casi 300.000 euros?

Y entonces se hace el silencio. Solo roto por el cambio de color de las luces LED con mando a distancia.

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