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Morón

El oportunismo político vuelve al Pantano de Morón a un mes de la elecciones andaluzas tras décadas de abandono

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Hay visitas institucionales que nacen del compromiso público y otras que nacen de la calculadora electoral. La realizada este 9 de abril a la barriada de El Pantano de Morón de la Frontera pertenece claramente al segundo grupo. La presencia de consejeras de la Junta de Andalucía junto al alcalde del municipio para “comprobar” las obras de rehabilitación de las viviendas de la zona no puede interpretarse sino como un ejercicio de oportunismo político de manual, una fotografía cuidadosamente preparada cuando las elecciones andaluzas se asoman a la vuelta de la esquina.

Durante décadas, los bloques de viviendas de las calles Jazmín, Lirio, Málaga y Diamela —construidos en 1963 y propiedad de la propia Junta— han sufrido un abandono institucional que ha sido denunciado una y otra vez por los vecinos, y también, porque no recordarlo, por partidos de izquierda como el caso de Izquierda Unida. Durante décadas, esas mismas administraciones que hoy pasean por las obras han permitido que el deterioro estructural, el amianto, la falta de aislamiento y la degradación del entorno se convirtieran en parte del paisaje cotidiano de la barriada. Nadie acudía entonces a hacerse fotos.

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Los vecinos saben bien que la realidad no coincide con el relato oficial. La rehabilitación que hoy se exhibe como logro político no nace de una iniciativa espontánea del gobierno andaluz ni de la diligencia municipal. Llega fundamentalmente gracias a los fondos europeos Next Generation y a los programas de rehabilitación impulsados desde la Unión Europea. Es decir, recursos externos que han obligado a las administraciones a actuar donde durante décadas no lo hicieron por voluntad propia.

El contraste resulta difícil de ignorar: treinta, cuarenta o incluso más años de abandono institucional frente a una repentina avalancha de visitas, declaraciones y fotografías cuando las obras ya están en marcha y cuando la campaña electoral se aproxima. Lo que durante décadas fue invisibilidad institucional se convierte ahora, milagrosamente, en escaparate político.

Pero el oportunismo no se limita a un solo partido. El Partido Popular, que gobierna la Junta, intenta apropiarse del mérito de unas actuaciones financiadas mayoritariamente con fondos europeos. Y el PSOE local, lejos de denunciar con claridad el abandono histórico de estas viviendas —del que también fue responsable durante largos periodos de gobierno autonómico— participa gustosamente en la escenografía institucional. Ambos parecen coincidir en algo: ninguno quiere hablar del pasado real de estas viviendas.

Porque el verdadero relato de la barriada del Pantano no es el de una visita institucional ni el de una obra puntual. Es el de una comunidad de vecinos que ha tenido que convivir durante décadas con edificios envejecidos, materiales peligrosos y una falta crónica de inversión pública. Es el relato de un abandono administrativo prolongado que ahora se intenta maquillar con una visita institucional perfectamente programada.

Resulta especialmente llamativo que la fotografía oficial llegue justo ahora, cuando queda poco más de un mes para que los andaluces vuelvan a las urnas para elegir al nuevo presidente de la Junta. No parece casualidad. La política española, y particularmente la andaluza, ha perfeccionado desde hace tiempo el arte de inaugurar, visitar o anunciar proyectos cuando conviene electoralmente, aunque esos proyectos lleven años reclamándose.

La rehabilitación de estas viviendas es, sin duda, una buena noticia para los vecinos. Nadie discute la necesidad de mejorar la eficiencia energética, eliminar el amianto o regenerar el entorno urbano. Pero convertir una actuación tardía —financiada en gran medida por Europa— en un acto de propaganda institucional es otra cosa muy distinta.

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