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Morón

Defensores de la II República en Morón: Bartolomé Lorda Urbano

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Redacción: Juan Segura/ Imagen portada: Bartolomé Lorda Urbano (tercer por la izquierda) y miembros del Comité de Defensa de Málaga (1937), extraída de www.estelnegre.org/

Abril Republicano. 15 moronenses honorables

La versión de la muerte de Bartolomé Lorda contada por su familia coincide plenamente con la documentación histórica que aparece en el libro “Consumatum est” de  José María García Márquez y Miguel Guardado Miguel

Conocí sobre la vida y muerte de Bartolomé Lorda casi al llegar a Morón, en 1972. Me enteré de dos versiones distintas de lo que le había sucedido al finalizar la guerra en 1939.

En el segundo año de mi estancia en Morón me mandaron como maestro a Las Caleras de la Sierra. Una escuela unitaria en la que sustituí a Manuel Marín Candón, que poco después dejaría el magisterio para dedicarse plenamente a la venta de seguros.

Allí encontré a una familia con apellidos Lorda Muñoz. Recuerdo que asistían a clase cinco miembros de la misma: tres niñas y dos niños. Sus padres eran Homero y Guillermina. Pronto establecimos unos lazos de amistad que duran hasta hoy.

Homero Lorda, fallecido ya, era agricultor y Guillermina era hija de uno de los propietarios de hornos de cal morunos del paraje. Homero se había quedado en Morón con su abuela cuando Bartolomé Lorda tuvo que viajar a Argentina con su esposa durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera.

Homero era hijo de Bartolomé Lorda Urbano y por él tuve conocimiento del asesinato de su padre al final de la guerra de España (1936-1940) que yo me niego a nombrar como “guerra civil” porque en realidad no lo fue. Fue una guerra internacional en la que intervinieron (o no intervinieron, que fue otra forma de intervención en contra del pueblo republicano, Francia e Inglaterra) Alemania, Portugal, Italia, moros,… y los voluntarios, casi todos comunistas, de las Brigadas Internacionales.

Demasiadas potencias extranjeras contra la II República como para poder considerar con veracidad que lo que se libró en España fue una “guerra civil”

La otra versión la escuché de boca del encargado de la Biblioteca Pública Municipal, lugar muy frecuentado por mí y con el que establecí también lazos amistosos. Se encontraba entonces la biblioteca en la calle Sagasta. Era para mí una persona de izquierdas con la que hablaba frecuentemente y que me merecía toda confianza.  Me contó que Bartolomé Lorda no había sido asesinado por los fascistas, sino que le habían permitido huir a Argentina.

Años después empecé a pensar que la disputa entre las gentes de izquierdas republicanas y ciertos hechos difíciles de comprender (como que se respetara la vida y hacienda de algunos izquierdistas muy significados en Morón de la Frontera mientras a otros, con mucha menor relevancia, se les asesinase) pudiera ser la clave de algunas versiones poco o nada verosímiles.

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Lo que no cabe la menor duda es que Bartolomé Lorda Urbano fue con Margalef y Antonio Rosado, las tres figuras más importantes del anarcosindicalismo en tiempos de la II República.

Bartolomé Lorda había nacido en Algámitas en el año 1901.  Fue empleado de comercio y chófer. Era un magnífico orador y, como prácticamente la mayoría de los anarcosindicalistas, no era partidario de participar en las elecciones. Volvió a España con la llegada de la Segunda República que supuso el fin de la ilegalización para la CNT y otras organizaciones revolucionarias, como el PCE, que habían sido duramente reprimidas durante la dictadura primorriverista.

Imagen extraída del libro: Morón: Consumatum est

En 1932 le encarcelaron a raíz de un sumario abierto por la aparición de unas bombas en Montellano y Morón. Salió absuelto y en libertad en 1933.

Tal era su popularidad, y el aprecio obtenido, entre la clase obrera de Morón que, al salir de prisión, le esperaba una multitud de varios centenares de trabajadores para aclamarle.

Bartolomé Lorda fue uno de los integrantes del Comité de Defensa de Morón para defender al pueblo republicano ante el ejército fascista.

Como tantos otros defensores de la legalidad democrática, al tomar Morón el ejército faccioso, marchó hacia Málaga,  a la zona republicana. En Málaga le nombraron Secretario General del Comité Regional de Defensa de la CNT. Estuvo luchando durante toda la guerra y al acabar la misma le detuvieron en Baza en abril del 39 y lo enviaron a Morón en septiembre.

Ingresó en la cárcel de Sevilla dos meses después. Un tribunal militar le condenó a muerte el 2 de diciembre por rebelión militar. Como a Miguel Hernández y a tantos otros.

Resulta irritante que los que se rebelaron militarmente contra un gobierno elegido democráticamente en febrero del 36, pudieran condenar a muerte a personas civiles que no habían tenido más remedio que defender la legalidad contra los nazi-fascistas que dieron el golpe de estado.

La sentencia la ejecutó un piquete del Grupo de Explotación y Exploración número dos en la tapia del cementerio de San Fernando. Lógico que sus restos fueran a parar a una de las numerosas fosas comunes de dicho cementerio, algunas de las cuales han podido ser excavadas,

Su muerte está inscrita en el Registro Civil de Sevilla el 3 de julio de 1940 y se dice que falleció en esta ciudad el día 25 de junio último a las cinco horas, sin que se cite el motivo. Al año siguiente el Tribunal de Responsabilidades Políticas le instruyó un expediente.

A Bartolomé Lorda se le incluyó en la llamada “Causa de Morón” junto a Manuel Lucas Luna, Pedro Bravo García, Joaquín López Romero y José Gil Cárdenas. Los derechistas de Morón les tenían ganas ya que no pudieron capturarlos en julio del 36.

Bartolomé Lorda era uno de los más cualificados dirigentes de la izquierda de Morón que caía en su poder pues otras piezas de caza mayor para ellos como su compañero Margalef, los socialistas Olmedo y Riquelme o el comunista García Pérez, por citar a algunos de los más destacados consiguieron eludir su captura.

Era pues el más preciado botín que el fin de la guerra podría traerles. Era evidente que sería asesinado aunque también sabían que Lorda no había cometido ningún delito como no fuera, a su juicio, haber participado en dirigir la defensa de Morón contra los sublevados.

La farsa que se montó para asesinarle fue semejante a la de tantos cientos de miles: informes falsos, testimonios amañados, …

Lo mataron, pero hoy su nombre está formando parte de los héroes que tuvieron el pundonor de defender la democracia contra la dictadura. Mientras que sus asesinos, locales y nacionales, están en el basurero de la historia.

La nueva ley de memoria democrática ha declarado nulos todos los juicios de aquellos tiempos. Temprano madrugó la guadaña fascista. Tarde levantó la justicia el vuelo.

Pero el pueblo de buena voluntad de Morón siempre recordará a Bartolomé Lorda como un valiente que luchó por defender sus derechos y libertades.

Gloria eterna para Bartolomé Lorda y todos aquellos que siguieron su ejemplo.

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