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Morón

El 20 de diciembre se llevará a cabo la exhumación de los cinco cadáveres en el cementerio de Morón en el pleito por la herencia millonaria

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Poco más de diez años ha tardado un juzgado de Morón de la Frontera en ordenar las exhumaciones de los cinco cadáveres para poder determinar la filiación de José Luis Malagón, un profesor universitario jubilado de unos 80 años que espera que con la comprobación del ADN se pueda ver el final de un camino de años para que se le reconozca como hijo de quien él siempre supo que fue su padre. De hecho, aunque nunca lo vio, fue quien cubrió todos sus gastos y pagó su colegio. Sus necesidades físicas estaban cubiertas.

Será el 20 de diciembre en el cementerio de la localidad. El hombre busca certificar judicialmente lo que todo el mundo sabía, que su padre era un hombre ilustre de la localidad con un gran patrimonio. De hecho, si se demuestra la paternidad, podría tener acceso a un patrimonio que está en una horquilla entre 10 y 12 millones de euros, según su abogado, Fernando Osuna. «Todo depende de si el presunto padre hizo o no testamento. Si es así, le correspondería la legítima, unos dos millones de euros. Si no, todo sería para él porque su supuesta hermana ha fallecido. Ahora bien, en el momento procesal en el que nos encontramos no se ha realizado aún la investigación patrimonial porque estamos en la filiación de paternidad», explica el letrado. 

Para José Luis Malagón, con la orden de exhumación, ha llegado «el principio del fin». Asegura que en todo este tiempo ninguno de sus sobrinos, los descendientes considerados legítimos, se ha puesto en contacto con él. «Por mi parte no ha habido nunca problema para este acercamiento». Sobre el motivo por el que se han exhumado los cinco cadáveres, recuerda que para evitar lo ocurrido hace diez años, cuando se exhumaron unos restos que posteriormente resultaron ser de una mujer, se ha decidido que se analicen los restos de los cinco cadáveres que están en el panteón familiar. «Hace tiempo conseguimos que se abriera, pero los restos estaban completamente desordenados y la muestra analizada correspondía a una mujer» que tiene un 99 % de porcentaje de coincidencia con él, explica. Ante esta situación, se volvió a pedir la apertura del panteón de esta ilustre familia de Morón y que se realizará el 20 de diciembre.

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En el año 2013 fue presentada demanda de reclamación de filiación no matrimonial, incoándose procedimiento al efecto que, a día de hoy, continúa tramitándose ante el Juzgado de Primera Instancia de Morón de la Frontera. «Hay que tomar ADN de los huesos de familiar cercano en el cementerio de Morón. La citada diligencia lleva dilatándose en el tiempo, por causas no justificables, desde hace más de tres años, habiéndose procedido entonces a su práctica de forma infructuosa por error en la localización de los restos óseos. Localización que, por otra parte, podría fácilmente ser aclarada por las autoridades locales, y sin que el Juzgado ante el que se sustancia el procedimiento haya ordenado nuevas actuaciones tendentes a la repetición de dicha diligencia, vital para la resolución de un procedimiento tan delicado como una reclamación de filiación», según Osuna.

UN PADRE SIEMPRE PENDIENTE

El padre, porque para él «nunca ha sido presunto», era viudo y tenía una hija que por aquel entonces ya no vivía con él cuando conoció a la madre de José Luis. Su posición relevante no solo en la sociedad de Morón sino en la española, le permitió que al hijo que había tenido con una joven del pueblo, «casi una niña», no le faltara de nada económicamente.

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«Me atendió desde el primer momento. Entonces, en 1943, el tema de las clases sociales estaba muy enraizado», recuerda. «Incluso había una señora, una ama de llaves de mi padre, que solía venrr por casa para ayudar a mi madre. Estaba siempre presente pero nunca tuve contacto con él», añade Malagón.

PENDIENTE DE LA SALUD Y LA EDUCACIÓN

José Luis recuerda detalles como cuando tuvo agmidalatis y el «presunto padre» mandó traer a un médico desde Sevilla o al preceptor que tuvo durante toda su etapa escolar y que después releva un catedrático universitario en Granada, donde el padre lo envió para estudiar el Bachillerato y la carrera universitaria. «Los boletines de notas iban a nombre del preceptor o el catedrático, que después se los pasaban a él, el colegio lo pagaba él. Estaba muy bien atendido materialmente, pero me faltaba su afecto».

La situación se prolongó hasta 1963. El catedrático que tutelaba a José Luis Malagón en Granada aparece para decirle que su padre ha muerto. » A partir de entonces dejo de recibir dinero. Mi padre me había abierto años antes una cartilla para mis gastos y gracias a lo que tenía allí pude terminar la carrera«, explica.

Cuando José Luis vuelve, ya como profesor a Morón, «simplemente acepté que quien todo el mundo sabía que era mi padre no me hubiera nombrado en el testamento. Ante una familia tan poderosa, nada podía hacer», explica. No fue hasta un día en el que un abogado del pueblo se presentó ante él, proponiéndole «mover el tema». Aquí comenzó un camino difícil.

La «hermana» de José Luis y sus 12 hijos, «algunos de ellos juristas», comenzaron «a poner trabas procesales». Esto supuso que durante muchos años no se avanzó en nada. En este momento de paralización, contactó con su actual letrado, Fernando Osuna, y una de sus alumnas le presenta a su abuelo, «resulta que ese señor había sido administrador de mi padre y conocía perfectamente mi historia. Yo lo llamo el testigo privilegiado, porque vio cómo en el lecho de muerte, el notario le presentó un papel que él se negó a firmar».

Diario de Sevilla



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