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Opinión

Opinión. Los bueyes con que aramos.  Por Petrovski y Kuchinov (Agentes de Información)*

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Dmytró Ivánovich Kuleba (Sumy, Unión Soviética, 19 de abril de 1981) es un estadista, diplomático y especialista en comunicaciones que, desde el 4 de marzo 2020 hasta el 4 de septiembre de 2024, ocupó el cargo de ministro de Relaciones Exteriores de Ucrania. ​

Al mismo tiempo fue miembro del Consejo de Defensa y Seguridad Nacional de Ucrania. Anteriormente trabajó como vice primer ministro de Ucrania para la Integración Europea y Euroatlántica, así como representante permanente de Ucrania ante el Consejo de Europa entre 2016 y 2019.

Kuleba se ha desempeñado en el servicio diplomático de Ucrania y en el Ministerio de Relaciones Exteriores desde 2003. En 2013, abandonó el servicio público citando su desacuerdo con el curso del expresidente de Ucrania, Víktor Yanukóvich, y presidió la Fundación UART para la Diplomacia Cultural.

Participó activamente en las protestas del Euromaidán en 2013-2014.

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Kuleba fue destituido de su cargo en septiembre de 2024 siendo sustituido por Andréi Sibiga, su viceministro. Actualmente imparte clases de diplomacia de guerra en Sciencies Po de París.

En unas recientes declaraciones a la televisión ucraniana Kuleba se ha mostrado partidario de reducir la edad de movilización.

“Si ha llegado tu momento, debes aceptar este desafío con dignidad”

Con estas palabras anima Kuleba a los jóvenes a participar en la guerra. Dmytró Kuleba tiene un hijo de 19 años. En la misma declaración señala que ha tenido verdaderas dificultades para convencerle para que no se alistase y que continuara con sus estudios.

Ucrania establece la edad mínima de movilización en 25 años, aunque todos los varones deben inscribirse en el registro militar el año que cumplen 17. Los aliados han presionado a Kiev para que rebaje la edad de reclutamiento a los 18 años por la falta de tropas, una medida que, hasta la fecha, el Gobierno de Zelenski ha rechazado.

Dudo que Kuleba (hijo) ardiera en deseos de ir a morir al frente y que su padre tuviera que cogerlo del pescuezo hasta lograr convencerlo. Pero, bueno, démosles a ambos el beneficio de la duda y traguémonos que el uno es un superpatriota dispuesto a dar hasta la última gota de su sangre y el otro un padre amantísimo que teme por su hijo.

La verdad es que superpatriotas hay pocos. Gente que vaya voluntaria a una guerra con el riesgo cierto de morir más temprano que tarde no conozco a nadie. Ese cuento sólo lo he visto en las películas. De hecho, la gente no quiere ir ni a la mili, aunque sea en tiempos de paz.

Pero lo que no tiene un pase es la postura del exministro de Asuntos Exteriores. Si impide a su hijo ir a la guerra, a pesar de su disposición de participar en ella, ¿por qué aconseja a los hijos de los demás que se comporten con dignidad y se encaminen hacia una muerte casi segura?

Aconsejar a los hijos de los demás, apelando además a su dignidad, que hagan algo que el no quiere para su hijo es algo muy feo. Feísimo.

Recuerdo en estos momentos que finalizo esta nota que complementa la noticia de Petrovski, una copla relativa a los españolitos que tenían que ir a Filipinas “pro patria mori” (por cierto: ¿ya nos hemos olvidado del papel que desempeñó el ejército de los EE.UU. en el desalojo de las colonias españolas de Filipinas, Cuba,…?)

La coplilla dice así:

Soy soldado de marina

y en el cuello llevo un ancla,

y aunque vaya a Filipinas

nunca pierdo la esperanza.

Si te toca te jodes,

que te tienes que ir,

que tu padre no tiene 

para librarte a ti.

La última estrofa refleja bien a las claras que era la clase proletaria la que constituía la carne de cañón. Así ha sucedido casi siempre en todas las guerras. Las clases más menesterosas son las que han cargado con el peso de la guerra poniendo los muertos. Los que tenían dinero podían librarse de ir a Cuba, Filipinas, Marruecos,…a encontrar la muerte defendiendo los intereses de una monarquía colonialista. Los ricos se salvaban de la quema sustituyendo a sus vástagos por necesitados de dinero para poder medio vivir.

Por eso soy de la opinión que quienes deberían de ir, los primeros, a la primera línea de los frentes de batalla tendrían que ser los responsables de declarar las guerras y todos sus familiares. Habría menos guerras. Seguro.

*Petrovski y Kuchinov es el seudónimo de un redactor que se desdobla en dos facetas. Petrovski es objetivo y señala la noticia sin ningún tipo de comentario. Kuchivov opina, tiene su punto de vista, aunque siempre argumentando. Ejerce la crítica razonada. Porque criticar por criticar, sin ningún fundamento, es algo vano, inútil, deleznable.

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