Opinión
Opinión. Leed, leed, malditos. Por Diderot


Cada mañana, cuando me levanto, a la salida del sol, después de hacer mis necesidades fisiológicas y lavarme los dientes y la cara, antes de desayunar, me pongo a leer un rato.
Siempre lo mismo.

Un libro capital, extraordinario. Una narrativa enjundiosa que cuenta cientos y cientos de historias, miles de cuentos.
Y ese libro no es “Las mil y una noches”, ni “Don Quijote de la Mancha”, ni “El Decameron”.
El libro que leo todas las mañanas al levantarme es la Biblia. Y muy especialmente el Antiguo Testamento.
Se estarán preguntando ustedes, llegados a este punto, como es que un ateo tiene tanto interés por el “libro sagrado”
Intentaré explicarlo en pocas palabras.

La Biblia, muy particularmente el Antiguo Testamento, es el testimonio más esplendoroso de que Jehová (dios) es una creación humana, al contrario de lo que mucha gente cree. Demuestra con meridiana claridad que no es Jehová (dios) el que creó al hombre, sino que ha sido el cerebro humano quien ha creado a este dios, a todos los dioses.
Y lo hemos creado a nuestra imagen y semejanza, o sea, como diría Nietzche: humano, demasiado humanos.
Leyendo la Biblia aprende uno que Jehová(dios) es autoritario, celoso, irascible, vengativo, rencoroso, violento, belicista, caprichoso, exterminador, voluble, criminal, arbitrario,… y paro de contar porque si continúo necesitaría demasiado tiempo para señalar sus “humanas debilidades”
Los creyentes adornan a este dios de una cualidad no humana: la omnipotencia.
La entelequia divina puede hacer lo que le de la gana.
Y ese es, para mí, una de las principales pruebas de cargo para condenarlo.
Porque si pudo hacerlo todo bien, ¿por qué lo hizo tan mal?
Todas las mañanas, cuando termino de leer la Biblia, me hago la misma consideración: si yo tuviera los mismos poderes omnipotentes que los creyentes dicen que tiene dios, yo hubiera hecho todo mejor. Hubiera hecho a los humanos inmortales y totalmente alegres y felices, alejados de cualquier pena o tribulación, alejados del dolor y de la muerte.
Y me reafirmo en mi ateísmo: la mejor hipótesis para tal dios es que no exista.
Porque si pudo hacer las cosas bien, perfectas; y las hizo mal, ¿qué consideración moral podemos sacar de un tal dios?
La única posible es que se trata de un ser malvado.
Es una de las razones por las que soy ateo. Leo la Biblia todos los días, al amanecer, para consolidar mi ateísmo. Y, efectivamente, cuanto más leo, más ateo me vuelvo.
Así que seguiré leyendo cada mañana, al amanecer.









