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Opinión

Opinión. Gente que habla con Dios. Por Diderot

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Hay algunas personas que dicen que han hablado con Dios o que han recibido algún mensaje suyo. Si es verdad que Dios ha hablado alguna vez con alguien, debiera haber tenido más cuidado, haber seleccionado mejor a sus interlocutores.

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Porque, o algunos no le entendieron bien, o habría que dudar de las cualidades benéficas que una gran mayoría le otorga.

Porque aquellos que conversaron con El Todopodersoso, supongo que en castellano, y luego contaron que Franco contaba con Su gracia para ser Caudillo de España y que debían acuñar tal oráculo en las monedas de curso legal de la época, o son unos mentirosos o Dios fue muy gracioso en aquella ocasión.

Podíamos irnos al Antiguo Testamento (una lectura muy recomendable para hacerse ateo) y comentar las terribles pláticas que Dios (Jehová en este caso) tuvo con Noé, Abraham, Elías… y tantos otros(1) 

Pero acerquémonos más a nuestros días.

Los presidentes de los Estados Unidos han sido privilegiados en la comunicación directa con El Supremo. Uno que hablaba con Dios casi a diario era George W.Bush.

Se proclamó candidato presidencial por sugerencia directa del Ser Supremo “He escuchado la llamada. Creo que Dios quiere que me presente a las elecciones presidenciales”

No es chiste, pero el fanático religioso que ocupaba la Casa Blanca aseguraba: “Dios me dice ‘George, ve y lucha contra esos terroristas en Afganistán’. Y lo hice. Y luego Dios me dice ‘George, ve y termina con la tiranía en Irak’. Y lo hice”.

Según Bush, Estados Unidos, una nación ungida por Dios representa el bien y, en la guerra contra Irak, se estaba desenvolviendo una “lucha colosal entre el bien y el mal, y que nadie se equivoque: el bien [léase: Estados Unidos] vencerá”.

Este tipo reconoció, después, que la excusa que puso para la masacre iraquí, era falsa. Imperdonable que teniendo locución directa con El Altísimo no le hubiera preguntado al respecto en vez de confiar en los servicios de inteligencia. Quien todavía no ha reconocido que no había armas de destrucción masiva es Aznar: “sostenella y no enmendalla” es su lema.

Gran parte del pueblo WASP (White, Anglo-Saxon, Protestant: blanco, anglosajón y protestante) de los Estados Unidos de América del Norte está convencido de que son un pueblo elegido por Dios, es el mito del Destino Manifiesto.

Otro que tiene hilo directo con el Sumo Hacedor es Donald Trump. Está totalmente convencido de que le ha colocado en la presidencia para cumplir sus designios. Ya no se trata solamente de conquistar el último rincón del planeta ni de someter o exterminar a sus habitantes, como lo ha venido haciendo Estados Unidos sin pausa y con gran dedicación criminal. 

Esto de limitarse a los dominios terrestres para una mentalidad tan cosmopolita y universal ‒casi intergaláctica‒ y de una vasta cultura, como la del dúo Trump-Musk, resulta terriblemente provinciano. Ahora, hay que apoderarse de los planetas de nuestra galaxia, para llevar hasta ellos la “civilización de los Estados Unidos” y plantar la bandera de estrellas y barras e imponer sus valores supremos: el inglés, la hamburguesa, la Coca-Cola, el culto a las armas y a la violencia, el racismo, el machismo y el clasismo, el predominio de sectas protestantes cuya ignorancia contamina lo que encuentran a su paso.

En su segundo discurso de toma de posesión, entre atronadores aplausos, dijo: Estados Unidos volverá a considerarse una nación en crecimiento, que aumenta nuestra riqueza, expande nuestro territorio, construye nuestras ciudades, eleva nuestras expectativas y lleva nuestra bandera hacia nuevos y hermosos horizontes […] Perseguiremos nuestro Destino Manifiesto hacia las estrellas, lanzando astronautas estadounidenses para plantar la bandera de las barras y las estrellas en el planeta Marte

Expandirse hacia Canadá, Groenlandia y Panamá ya no le basta. Pretende colonizar también Marte situado a más de 50.000 millones de kilómetros de la Tierra.

Me da la impresión de que hablar con Dios es una actividad altamente peligrosa para la salud mental. ¿Ustedes qué creen?

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