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Opinión

Traidores a Chávez. Por Diderot

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Desde el 3 de enero, fecha del secuestro (que no detención, ni captura, ni arresto, ni otros sustantivos edulcorantes) del presidente de Venezuela y Cilia Flores, he mantenido un prudente silencio sobre la evolución de la política venezolana.

Hoy, 29 de agosto me informo, a través de los doctores en Relaciones Internacionales mejicanos Jesús López Almejo y Abraham Navarro del acuerdo entre la presidencia de Venezuela y el gobierno de los EE.UU. mediante el cual Venezuela arrienda, para su explotación, 65.000 millones de barriles de crudo de los 300.000 millones de barriles en que están tasadas sus reservas. Los términos de este acuerdo resultan leoninos para la potencia colonizadora.

Esto es algo que jamás hubiera firmado Chávez.

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Chávez tampoco hubiera firmado ningún pacto con los gringos después de la agresión sufrida. Hubiera peleado hasta la muerte.

Tampoco hubiera cambiado la Ley de Hidrocarburos ni hubiera permitido que se sentasen en una Mesa de Negociación traidores a la patria que venían reclamando la intervención militar de los EE.UU. que pretenden cambiar el Tribunal Supremo de Justicia y el Consejo Nacional Electoral, entre otras instituciones reguladas constitucionalmente.

Mucho menos hubiera permitido el asesinato de ningún ciudadano venezolano por parte de las fuerzas armadas yanquis.

Jamás hubiera firmado ningún documento que pudiera conducir al robo, por parte de ninguna potencia extranjera, de los recursos naturales del país.

Todas estas cosas se están haciendo contra la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, con la colaboración necesaria de las “autoridades chavistas”, con Delcy Rodríguez como Presidenta Encargada, su hermano, Jorge Rodríguez, como presidente de la Asamblea Nacional y Diosdado Cabello como mandamás del Partido Socialista Unificado de Venezuela, por señalar solo las tres cabezas más visibles de este proceso.

No juzgo los motivos que hayan podido llevar a esta tríada y a tropecientos más a sellar o a avalar el pacto con Donald Trump y Marco Rubio.

Lo que sí creo que puedo juzgar es la total falta de sintonía con el pensamiento y el actuar de Hugo Chávez Frías. No sólo no tienen nada que ver, sino todo lo contrario: lo están traicionando en toda regla.

Como le oí, hace poco, a Luis Britto García, Venezuela no es siquiera, hoy día, un protectorado de los Estados Unidos de América sino algo mucho peor desde el punto de vista colonialista.

Porque un protectorado se rige por un acuerdo entre colono y colonizado. Una ley donde se señala los derechos y responsabilidades de cada cual. Aquí no hay nada de eso. Y, en ausencia de reglas, ganancia para el más fuerte.

No entro tampoco en valorar en profundidad lo que puedan pensar los traidores al pensamiento y actuar de Chávez sobre lo que va a suceder en Venezuela en los próximos tiempos. Ellos plantean un futuro de vino y rosas, de leche y miel, de una prosperidad insultante.

¡Bendita ingenuidad! ¡Qué pronto han olvidado las palabras de Bolívar sobre el vecino del norte! O las de José Martí. Saben perfectamente que los EE.UU son como el caballo de Atila: donde pisaba no volvía a salir la hierba.

¿Prosperidad para el pueblo de Venezuela bajo la tutela yanqui?

Se puede perder la soberanía, pero no la vergüenza. Y es perder la vergüenza llamarse chavista combatiendo el pensar y actuar de Hugo Chávez. Es preciso que acabe, cuanto antes, esta farsa.

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