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Opinión

Irene Lozano, Noelia Núñez y la banalización de la mentira.  Por Diderot

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Gato blanco, gato negro, ¿qué más da? Lo importante es que cace ratones. (Teng-Siao-Ping)

Todo es igual, nada es mejor: lo mismo un burro que un gran profesor (Cambalache, tango de Santos Discépolo)

Tu verdad, no. La verdad. Ven a buscarla conmigo. La tuya, guárdatela. (Antonio Machado)

Inicié mi activismo político contra el franquismo. Entonces dábamos parte de nuestro salario para contribuir a financiar la lucha comunista contra Franco y sus asesinos. Terminábamos maltratados por la Guardia Civil, la policía o la Brigada Político Social. En la cárcel y, algunos, muertos.

Se me cayeron los palos del sombrajo cuando un día, de hace ya veinte o más años, entablé conversación en una taberna con una chica de veintipocos años, estudiante de derecho e hija de un conocido militante del Partido del Trabajo de España (PTE)

Me expresó su deseo de trabajar en la política local al terminar los estudios. Le pregunté que con qué grupo político se presentaría (entonces había en Morón tres grupos municipales que se autoconsideraban de izquierdas y uno de derechas) y su respuesta fue que le valía cualquiera de los cuatro.

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Tomé nota de que los tiempos estaban cambiando (“the times are changing”, cantaba Bob Dylan en tiempos de la guerra de Vietnam)

A parte de las nuevas generaciones les importaba un bledo con quien hacer la cosa. Lo importante era colocarse fuera donde, y como, fuera.

Una de estas personas, Irene Lozano, fue diputada por UPyD, luego por el PSOE; estuvo a pique de serlo con Ciudadanos y luego desempeño distintos cargos públicos con el PSOE.

Escritora, periodista en El Mundo, ABC y El País. En una columna Lozano escribe: “Vivimos bajo dos narrativas de extinción: los de izquierdas, en la climática; los de derechas, en la teoría del reemplazo (1)… Da igual que sea verdad o mentira: son narrativas y, como tales, configuran nuestro pensamiento

Para Irene Lozano vale lo mismo la mejor ciencia disponible sobre clima que la peor conspiración sobre el Gran Reemplazo. Ello verifica en qué grado nuestra sociedad se ha convertido en materia corrupta.

Esa misma desfachatez, y desprecio por la verdad, podemos encontrar en la exdiputada del PP Noelia Núñez. En vez de avergonzarse al verse obligada a dimitir por las mentiras sobre su titulación académica, aparece en los medios sacando pecho y retadora, dispuesta a seguir mintiendo como tertuliana en una cadena privada de televisión.

El fascismo es, según Albert Camus, el desprecio por la igualdad social. Pero es también el desprecio por la verdad.

Conviene tenerlo en cuenta a la hora de combatir a estos personajes corruptos hasta la médula y a la sociedad que les alberga y da cobijo.

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