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Morón

El Gazpacho de Morón rindió un emotivo homenaje a Matilde Coral

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Morón. En la noche del sábado, 2 de agosto, el patio del colegio Salesianos volvía a ser el escenario de una nueva edición del Gazpacho de Morón. En una noche marcada por un frío inusual en estas fechas…

Morón. En la noche del sábado, 2 de agosto, el patio del colegio Salesianos volvía a ser el escenario de una nueva edición del Gazpacho de Morón. En una noche marcada por un frío inusual en estas fechas, 350 personas se acercaron hasta el colegio Salesianos para disfrutar de una noche flamenca, donde la guitarra y el toque de Morón tienen un lugar privilegiado, y donde el cante de Juan Villar, Cancanilla y Marina Heredia, entre otros, y el baile de Carmen Lozano, hicieron disfrutar al público.

El XLVIII Festival Flamenco 'Gazpacho Andaluz' ha rendido en esta edición un sencillo y emotivo homenaje a la gran bailaora Matilde Coral, que emocionada agradecía este reconocimiento y reivindicaba la Medalla al Trabajo. El alcalde de Morón, Juan Manuel Rodríguez, le hacía entrega de un bello pergamino conmemorativo.

El festival ponía el colofón a toda una serie de actividades, en las que el centro de todo ha sido el Flamenco.

Prensa Ayto. Morón de la Frontera

 

Crónica de Manuel Bohóquez en el blog “La Gazapera

 

Doña Matilde pidió la Medalla del Trabajo en Morón de la Frontera

Noche fría en Morón, de un frío agosteño que era algo más que agradable fresquito. Poco público en el Colegio Salesianos, quizás unas trescientas cincuenta personas, muy pocas para un festival de la historia del Gazpacho Andaluz. Barra muy ruidosa, y esto es impresentable, sobre todo porque luego se nos llena la boca diciendo que el flamenco es cultura. Mala organización puesto que un cartel con tres cantaores y una bailaora no tendría que haber durado tanto como duró. Y en lo concerniente al arte, la verdad es que hubo de todo, como en todos los festivales. Si el Gazpacho, como festival pionero que es, se distinguía hace años de los demás por su sello, por aquellos carteles que olían a Morón y a Utrera y a Mairena y a Lebrija, el de anoche apenas tenía aroma. Todos los artistas se entregaron y dieron lo mejor de ellos mismos, pero no sabías si estabas en Morón o en Burguillos.

Había ganas de escuchar al maestro gaditano Juan Villar, que llevaba años sin cantar en este festival. En realidad canta ya poco en los festivales de Sevilla, por desgracia. Este cantaor armó una revolución en la década de los ochenta, cuando se medía con Camarón, Chiquetete, Morente, Pansequito o Menese. Su sello en soleares, alegrías, bulerías y tangos lo aupó a lo más alto del escalafón y nos brindó noches mágicas, aunque también alguna sin magia alguna. Ya tiene sus años y la voz un tanto agotada, pero coloca los tercios de una manera admirable y no ha perdido ese sabor que siempre ha tenido. Con el Niño Jero a la guitarra –qué toque más personal tiene el maestro de Jerez–, Juan Villar mascó la soleá, cautivó en los tangos y en las bulerías y metió unas letras en los fandangos que nos emocionaron. Ya nos es el Juan Villar de aquellos años, pero sigue siendo artista.

Marina Heredia tuvo una gran actuación que fue a más conforme iba cantando. Muy bien llevada por José Quevedo El Bolita, de Jerez –toca raro, pero vaya guitarrista–, empezó muy fría por soleá, sin jondura, casi ausente. Comenzó a aparecer en los fandanguillos de Granada con los que remató sus malagueñas, bastante bonitos. Luego hizo una caña con tanta velocidad, a ritmo, que parecía una canción, cuando este cante es de los jondos de verdad. En los tangos y en las bulerías demostró por qué es hoy una de las primeras voces. Se entregó, se sintió a gusto y cautivó al público. Gran artista la hija de El Parrón.

El homenaje a Matilde Coral tuvo su puntito de emoción. Pepe Ortiz, el presentador de la noche, se empeñó en dar tantos datos sobre ella que cuando Matilde cogió el micrófono solo dijo una cosa: “¿Cuándo me van a dar la Medalla del Trabajo”. Es el único galardón que le queda por recibir y la maestra aprovechó el Gazpacho para pedirlo. Lástima que no hubiera medios de comunicación sevillanos, que también le han dado la espalda a este festival. El Correo sí estuvo, aunque no sé si alguien de la organización se enteró

La segunda parte la abrió el guitarrista local Juan Luis López, un buen concertista, aunque poco conocido. Estuvo demasiado tiempo en el escenario, para lo tarde que era ya, pero nos dejó unas hermosas guajiras y una bulerías excelentes. En la primera parte, para cubrir la cuota de guitarra, tocó el joven Sergio González, de la escuela de Paco Delgado El Leri, que también interpretó unas guajiras bellísimas. Este chaval y el ganador del concurso, el extremeño de Santa Amalia Francisco Manuel Pajares, pusieron las notas para la esperanza.

Cancanilla de Marbella es un cantaor que ha caído bien en Morón. Han tardado en descubrirlo, pero ahora tiene su sitio. Muy bien acompañado por el guitarrista Chaparro de Málaga –buenísimo, por cierto–, el maestro marbellí tiene una manera de cantar muy segura, sin arriesgar mucho, pero con buen gusto flamenco y sabiendo lo que canta. Es pájaro viejo, conoce bien al público y siempre acaba gustando en Morón. Cantó muy bien por seguiriyas y bulerías, aunque nos ofreció también una larga tanda de fandangos, con unas letras marca de la casa. Acabó bailando, que si canta bien, baila mejor todavía.

La noche la cerró una buena bailaora local, Carmen Lozano. Se había ido ya mucho público y la barra seguía a tope. Eran casi las cuatro de la mañana. Con Rafael de Utrera al cante, su marido, y el coro de Macarines –bonitas y acopladas voces­–, Carmen bailó unas alegrías con más garra que sabor, pero muy flamencas. El segundo baile ya no lo vimos. Con la carretera no se juega, que hace pupa.

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