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Morón

El Ayuntamiento de Morón valora la noche de flamenco vivida en el Gazpacho.

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En una nota el consistorio municipal analiza la última edición del festival flamenco….

En una nota el consistorio municipal analiza la última edición del festival flamenco.

El sábado se ponía el broche a una edición especial llena de actividades para conmemorar el 50 aniversario.

En la noche del sábado, 3 de agosto, el patio del colegio Salesianos volvía a ser el escenario de una nueva edición del Gazpacho de Morón. Una edición en la que se ha celebrado el 50 aniversario de este festival flamenco señero en la geografía española. 50 años después del nacimiento de este festival, ha demostrado que sigue siendo uno de los referentes, donde la guitarra y el toque de Morón tienen un lugar privilegiado.

La XLVII edición del Festival Flamenco Gazpacho Andaluz, era abierta por Javier Ruiz Barrera, alumno del Taller Municipal de Guitarra. Como viene siendo habitual en las últimas ediciones, el festival le da una oportunidad a los jóvenes valores de la guitarra.

Seguidamente las composiciones y melodías del piano de David Peña Dorantes inundaron el patio, acompañado en algunas de estas composiciones, como el Gelem Gelem, por la voz gitana de Esperanza Fernández.

La primera parte la cerró el cante de Pepe Taranto y el baile de Lidia Valle, que se encargó de llegar al alma de un público expectante con su baile de sentimiento y fuerza por bulería.

Durante el descanso se celebró el homenaje póstumo al maestro de la guitarra Manolo Morilla, a quien la organización ha dedicado esta edición del festival. Su hijo, Juan Morilla, asistió emocionado al acto.

Precisamente la segunda parte se iniciaba con el toque de guitarra de Juan Torres, cuyo maestro fue Manolo Morilla. Su toque puro emocionó a un auditorio entregado.

La noche había entrado en calor y era el turno de la creatividad en el cante, la calidad suprema de un Pansequito que estuvo maestro en sus cantes por alegrías, soleá, taranto y bulerías.

Al cierre, el baile de Jairo Barrull, arropado por el cante de El Galli y Moi de Morón, dejó en el escenario aroma a viejo, a puro, que levantó los oles del público. Fue sin duda un gran broche de oro a una edición muy especial del Gazpacho, que ha demostrado que sigue apostando por la calidad y el futuro.

 

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