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Opinión

Reflexiones en Semana Santa.6ª Parte/Sábado de anatema*: Reparto de la tierra prometida

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Sexta Parte: Sábado de anatema*

Josué, el conquistador-exterminador por encargo. Por Juan Segura

Reflexiones en Semana Santa. (6). Reparto de la tierra prometida

III. REPARTO DE LA TIERRA PROMETIDA                                                   

Los parágrafos 13, 14,15,16,17,18,19,20 y 21 del Libro de Josué enumeran qué tierras corresponde a cada una de las doce tribus de IsraelAl principio del 13, Yavé le dice a Josué:  1“Tú eres viejo, de edad avanzada y la tierra que queda por conquistar es mucha”Y más adelante: 7Ha llegado el momento de repartir esta tierra entre las nueve tribus y la media tribu de Manasés.8La otra media, los rubenitas y los gaditas, han recibido ya su heredad al otro lado del Jordán, al este, repartida por Moisés, siervo de Yavé…Sólo a la tribu de Levi no se le asignó heredad; Yavé, Dios de Israel, fue su heredad, como Él se lo había dicho.  7

Los hijos de Jacob (a quien Yavé dio el nombre de Israel*) fueron doce que constituyeron las doce tribus: Rubén, Simeón, Leví, Judá, Dan, Neftalí, Gad, Aser, Isacar, Zabulón, José y Benjamín. José tuvo dos hijos: Manasés y Efraim que figuran como dos tribus diferentes en el reparto.

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El reparto se hizo por sorteo, con algunas excepciones. Las tribus de Rubén (rubenitas) y de Gad (gaditas) y una mitad de la tribu de Manasés no entraron en el reparto porque Moisés ya les había dado tierras al este del Jordán.                                                                                                                                                                

Otros miembros de la comunidad recibieron tierras a título personal, como Caleb, de la tribu de Judá, a quien Moisés, por mandato de Yavé, había prometido mucho tiempo atrás un cierto territorio. Otro caso singular fue el de Josué a quién dieron la ciudad de Tamná Sara que él había pedido. Aunque a la tribu de Leví (los sacerdotes) no se le asignó heredad, sí que se le cedieron algunas ciudades que habían heredado las demás tribus.                                                                                                                                                                   

Los funcionarios religiosos (levitas o sacerdotes del templo) siempre encuentran la manera de salir bien parados materialmente, incluso aunque el “mandato divino” sea otro y bien distinto. Es curioso como se repite la historia durante miles de años.                                                                                                                           

Los funcionarios encargados de difundir las verdades divinas (de Alá, Jehová o Cristo) crean chiringuitos inexpugnables para el resto de los fieles creyentes, desde los cuales ejercen su poder sobre las mentes y los cuerpos de los mismos,, bajo el manto de la espiritualidad y el del culto al dios verdadero.

*Anatema.- Esta palabra es clave en El Libro de Josué. Se repite incesantemente, al igual que las frases“pasar a cuchillo”, “sin dejar ni uno”, “exterminar a todo ser viviente”, “sin dejar supervivientes”,… y otras similares. En este contexto entregar al anatema a una persona, grupo de personas o animales (seres vivientes) significa matarlo, exterminarlo, liquidarlo. La palabra anatema también puede significar maldición, maldito, hereje, herejía.                                                                                                                                                  

El exterminio (anatema) que el “pueblo elegido” realiza allí donde va, no es una iniciativa propia, es una orden de Jehová (Yavé) como constantemente se repite en este libro, Y forma parte de la Ley de Moisés, dictada también por Jehová, que Josué y todo el pueblo de Israel renovaron en el monte Ebal después de la conquista, exterminio y quema de la ciudad de Hay. Esta palabra se ha seguido usando en el seno de la iglesia católica y el judaísmo durante toda la Edad Media y hasta nuestros días. Al filósofo judío Baruch Spinoza lo expulsaron de la sinagoga de Amsterdam. Pero había expulsiones y expulsiones. La que le aplicaron a Spinoza fue la de mayor grado, la del anatema, o maldición. No sólo se limitaron a darle de baja sino que lo maldijeron per saecula saeculorum. Amén.

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