Entrevistas
Entrevista a Mercedes Galán Linares, alma joven de la equitación en Morón de la Frontera


En la tranquila Plaza del Polvorón, con la figura de Fernando Villalón como testigo silencioso, nos encontramos con Mercedes Galán. Tiene 28 años, una sonrisa franca y esa forma de hablar que mezcla pasión con cercanía. No tarda en dejar claro que lo suyo con los caballos no es solo una profesión: es una forma de vida que empezó mucho antes de que pudiera siquiera decidirlo.
“Yo prácticamente nací encima de un caballo”, cuenta entre risas. Y no es una exageración. Su historia comienza con su padre, que cumplió el sueño de tener su propio caballo cuando pudo. “Él decía que de pequeño quería tener uno hasta en una azotea… y cuando tuvo su campito, empezó todo”.
Desde entonces, Mercedes no se ha bajado.
“Lo tenía claro desde niña”
Hay vocaciones que llegan poco a poco. Y hay otras que nacen con una claridad sorprendente. La de Mercedes pertenece al segundo grupo.
“En el colegio yo ya dibujaba mi escuela de equitación. Siempre decía: yo voy a hacer esto”. Y lo ha hecho. Hoy dirige la Escuela de Equitación Mercedes Galán, un espacio que, más que un centro deportivo, parece un hogar compartido entre personas y caballos.
Su formación no es improvisada: técnica deportiva en disciplinas olímpicas (salto, doma y completo), auxiliar de veterinaria, especialista en terapias ecuestres, examinadora de galopes y nivel avanzado en las tres disciplinas. Un currículum sólido, pero que ella resume de forma sencilla: “he ido escalando hasta lo que soy ahora”.
Una escuela… que no es solo una escuela
Cuando habla de su proyecto, Mercedes cambia el tono. Se vuelve más íntimo.
“Aquello no es una escuela, es una familia”.
Y no es una frase hecha. En sus instalaciones, situadas en la barriada del Rancho, conviven alumnos desde los 4 años hasta personas de más de 70. “Tengo abuelitas que vienen con una ilusión que es una maravilla”, dice con orgullo.
El proceso de aprendizaje, explica, es casi emocional antes que técnico:
“Empezamos muy poco a poco, a la cuerda. Lo primero es el equilibrio, pero sobre todo la confianza. Que confíen en el caballo… y que confíen en mí”.
A partir de ahí, cada alumno encuentra su camino: doma clásica, doma vaquera, alta escuela, salto… o simplemente disfrutar del contacto con el animal y la naturaleza.
17 caballos y un sueño cumplido
Hoy, Mercedes cuenta con 17 caballos y una escuela que, aunque se formalizó hace apenas dos años, lleva una década gestándose.
“Cuando compré el campo hace 10 años no sabía hasta dónde iba a llegar… pero sabía que era esto”.
Su trabajo no se limita a las clases. También organiza rutas, participa en espectáculos por toda España y colabora con eventos ecuestres. Además, su proyección ha cruzado fronteras: clientes de Francia, Bélgica o Alemania llegan a través de acuerdos con alojamientos rurales de la zona.
“Es curioso, pero me conoce más gente de fuera que del propio pueblo”, admite. Y ahí aparece uno de sus objetivos más claros.
Mirar hacia Morón
Le pregunto qué espera de esta entrevista, qué le gustaría conseguir. No duda.
“Quiero que la gente de Morón conozca lo que tenemos aquí”.
Su idea es acercar la equitación a los colegios, fomentar actividades extraescolares, organizar excursiones. “Es un deporte muy completo, trabajas todo el cuerpo, pero también despejas la mente. Eso es muy importante hoy en día”.
No habla solo de técnica ni de competición. Habla de bienestar, de conexión, de valores.
Caballos, familia y futuro
Antes de despedirnos, vuelve a insistir en la invitación, casi como quien abre la puerta de su casa:
“Que vengan, que nos conozcan, que disfruten. Esto es un entorno natural, rodeado de animales preciosos… y de gente con ganas de compartir”.
En tiempos donde todo va rápido, donde lo inmediato manda, proyectos como el de Mercedes Galán recuerdan algo sencillo: que hay espacios donde las cosas se hacen despacio, con cariño, y donde montar a caballo es solo una excusa para algo más grande.
Una familia.















