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Morón

De Morón a compartir piso con 68 años para poder sobrevivir: la otra cara de la crisis de la vivienda en España

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Basada en una noticia publicada en el huffingtonpost.es

Alfredo, natural de Morón de la Frontera, comparte vivienda con otros jubilados en Ciudad Real porque su pensión apenas supera los 600 euros. Su historia refleja una realidad que ya afecta a miles de mayores en todo el país.

La crisis de acceso a la vivienda ya no es solo un problema de los jóvenes. Los elevados precios de los alquileres y la insuficiencia de muchas pensiones están empujando también a personas mayores a situaciones que hace apenas unos años parecían impensables. Es el caso de Alfredo, vecino natural de Morón de la Frontera, que a sus 68 años se ha visto obligado a compartir piso para poder llegar a final de mes.

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Su historia, recogida por diversos medios nacionales, pone rostro a una realidad cada vez más extendida entre los pensionistas españoles. Tras toda una vida trabajando en el campo, Alfredo percibe una pensión de poco más de 600 euros mensuales, una cantidad insuficiente para afrontar en solitario el coste de una vivienda de alquiler.

«Los alquileres estaban súper caros. Ganaba 500 euros y la habitación me costaba 250. Era la mitad. Con lo que me quedaba me daba justo para comer», explica.

Una vida de trabajo que no garantiza una vejez tranquila

Nacido en Morón de la Frontera, Alfredo desarrolló gran parte de su vida laboral en las tareas agrícolas, un sector marcado históricamente por la temporalidad y la estacionalidad del empleo.

«En mi pueblo la agricultura funciona, pero son diez o veinte días de trabajo y luego cincuenta o sesenta sin nada. Tenías que buscarte la vida donde fuera», recuerda.

Tras un divorcio y la pérdida de sus padres, su situación económica se fue complicando hasta encontrarse prácticamente sin recursos. La búsqueda de oportunidades laborales le llevó a Ciudad Real, donde años después se encontró con una nueva dificultad: jubilarse sin ingresos suficientes para pagar una vivienda.

Compartir piso para no caer en la exclusión

Actualmente vive en una vivienda compartida gracias al programa «Hogares con Vida», impulsado por la Asociación INCISO. Allí convive con otros jubilados en situación de vulnerabilidad económica.

Entre ellos se encuentra José, de 74 años, que percibe una pensión no contributiva y que antes de acceder al proyecto residía en un cortijo aislado en el campo.

Ambos coinciden en que compartir vivienda les ha permitido mantener una mínima calidad de vida. Después de afrontar los gastos básicos, todavía pueden permitirse pequeños gastos cotidianos.

«Con lo que nos queda por lo menos podemos comer y comprar unos calcetines o unos calzoncillos de vez en cuando», reconocen.

Una realidad que afecta a cada vez más españoles

La historia de Alfredo y José evidencia cómo el problema de la vivienda se está extendiendo a sectores de población tradicionalmente considerados protegidos frente a estas dificultades.

Mientras los alquileres continúan subiendo en muchas ciudades españolas, miles de pensionistas destinan una parte desproporcionada de sus ingresos a mantener un techo sobre sus cabezas. En muchos casos, compartir vivienda se ha convertido en la única alternativa para evitar situaciones de exclusión social o incluso el sinhogarismo.

Las entidades sociales alertan de que cada vez reciben más solicitudes de ayuda de personas mayores que, pese a haber trabajado durante décadas, no pueden afrontar el coste de una vivienda digna con las pensiones que perciben.

De Morón a Ciudad Real: una historia que interpela a toda España

La experiencia de Alfredo, moronense de nacimiento, trasciende su caso particular. Su situación refleja el creciente desequilibrio entre ingresos y coste de la vivienda que sufren miles de españoles.

Lo que durante años se identificó como una dificultad exclusiva de los jóvenes para emanciparse se ha convertido hoy en un problema estructural que alcanza también a quienes deberían disfrutar de una jubilación tranquila después de toda una vida de trabajo.

Y mientras los precios de la vivienda siguen marcando máximos históricos en numerosas ciudades, historias como la de Alfredo recuerdan que el acceso a un hogar digno se está convirtiendo en un reto para generaciones cada vez más amplias de la sociedad española.

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