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Opinión

Empleadas de hogar (II). Por Federica Ibárruri

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Tras este primer y tibio acercamiento de un gobierno de izquierdas a un condicionado reconocimiento de derechos a las empleadas del hogar y los cuidados, podemos decir que –a efectos prácticos– el resultado es bastante decepcionante….

_Tras este primer y tibio acercamiento de un gobierno de izquierdas a un condicionado reconocimiento de derechos a las empleadas del hogar y los cuidados, podemos decir que –a efectos prácticos– el resultado es bastante decepcionante. El Estado español sigue borrando de sus prioridades uno de los trabajos más esenciales al no reconocer a las personas que los realizan como sujetos de derechos. No solo ha ignorado a los miles de mujeres que, trabajando de forma efectiva, no tenían contrato desaprovechando la oportunidad de regularizar su situación. Sino que, para las que sí lo tenían, el subsidio es claramente insuficiente en fondo, forma y tiempo. Además, este debía haberse acompañado de medidas de apoyo a los empleadores que garantizasen el pago de las cuotas a la Seguridad Social para dar continuidad a muchos contratos, y al tiempo dignificar y revalorizar estos trabajos.

 

 

En estas circunstancias, a las mujeres que hacen trabajos esenciales para la comunidad, la sociedad, la economía y el país se las ha dejado a la deriva. Principalmente por ser mujeres, por ser migrantes, por ser racializadas, por ser pobres. Por serlo todo o por serlo en parte. Sus vidas y sus cuerpos vuelven a quedar expuestos a situaciones de máxima vulnerabilidad social, al margen de las políticas públicas. Y, por supuesto, sobreexpuestas (otra vez) a los abusos y violencias clasistas, machistas, racistas y aporófobas (sutiles o directas) de quienes tienen en sus manos las condiciones de los trabajos que realizan. Trabajos esenciales sin los cuales gran parte de las vidas, las economías, las familias y los trabajos de sus empleadores se desmoronarían.

 

 

A pesar de que las trabajadoras del hogar y los cuidados han ocupado, ocupan y ocuparán un lugar crucial dentro de la respuesta a la crisis social y económica que se ha dado con la crisis sanitaria desencadenada por la pandemia, siguen invisibles e ignorados.

 

 

Se corre el riesgo de que alguien tenga la tentación de darse por satisfecho con la aprobación del subsidio que ni llega ni alcanza. El riesgo de que le dé a la tecla de borrar la tarea pendiente de reconocer, al margen de la crisis sanitaria, los derechos en dignidad que corresponden a las trabajadoras del hogar y de los cuidados en España. El riesgo de borrar el compromiso de ratificar el Convenio 189 y la Recomendación 201, algo que la agenda de políticas feministas que dicen defender desde el PSOE ha hecho sistemáticamente olvidándose de esas mujeres que también sostienen sus vidas, sus casas y sus familias. Trabajadoras del hogar y los cuidados a las que posiblemente muchas mujeres les deban buena parte de su propia carrera política.

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